domingo, 6 de enero de 2008

Un asiento para el gato debajo del asiento para el hombre

Un joven diseñador colombiano -Gabriel Sierra- hace cosas que no parecen tener uso comercial. Sin pudor, materializa preocupaciones domésticas aparentemente triviales y emociones inconfesables. El diseño es más que producir nuevos objetos. Dice Gabriel: "tengo 32 años y soy de un pequeño pueblo de la costa Caribe, a una hora de la playa, llamado San Juan de Nepomuceno. A pesar de ser zona roja es un pueblo muy apacible donde pasé una infancia muy linda. Mi papá es campesino y en el pueblo la idea es que termines la escuela y te salgas a estudiar otras cosas fuera. Yo me fui a Bogotá. Primero estudié arquitectura. Tenía un tío de Barranquilla que era arquitecto y esa idea de la modernidad la recibí de niño a través suyo. Pero enseguida me di cuenta de que no era lo que quería para mí y a través de un amigo que estudiaba diseño apliqué y me cambié a industrial."