miércoles, 23 de enero de 2008

Otro hijo de la institución

El 15 de febrero del 2007 se hallaron los cuerpos incinerados de dos mujeres a orillas del río Guática, entre Anserma y Belén de Umbría (Risaralda). Inicialmente se pensó que se trataba de un acto satánico, pero la investigación dio un giro inesperado y por el doble homicidio se capturó en noviembre pasado al sacerdote José José Francey Díaz Toro, de 50 años, oriundo de Manizales, era el párroco de Mistrató (Risaralda), jurisdicción de la Diócesis de Pereira. Después de investigaciones y análisis forenses se determinó que los cuerpos incinerados eran de María del Carmen Arango, compañera sentimental del sacerdote, y de María Camila Díaz, hija de ambos. También se determinó que el homicidio se produjo en la casa cural de la iglesia de Mistrató y que las mujeres murieron como consecuencia de los fuertes golpes que recibieron en la cabeza. Ante las pruebas al sacerdote solo le quedó confesar el doble homicidio y pedir perdón. El hombre pagará 23 años por ambas muertes de su compañera y su pequeña hija. El hecho de haber aceptado los cargos que se le imputaron le significó el sacerdote una reducción del 50% de la pena. Los cuerpos de las dos víctimas aparecieron incinerados el 15 de febrero del 2007 a orillas del río Guática, en un paraje de la vía que de Belén de Umbría conduce a Anserma, Caldas. Aunque los cadáveres quedaron irreconocibles, una fotografía encontrada en el lugar y en la que aparecían Díaz Toro, la mujer y la niña enrumbó la investigación. Luego de aceptar los cargos, el religioso pidió perdón a todos y dijo que “nadie sabe lo de nadie”.
El Obispo de Pereira, monseñor Tulio Duque, dice que la Iglesia recibe con dolor la noticia sobre la condena del párroco de Mistrató, José Francey Díaz . “Uno queda impresionado con eso, pues se trata de un hijo de la institución. Estábamos esperando la verdad sobre el asunto. Él aceptó el cargo ante el fiscal, lo que indica que estaba implicado”. Explicó que el padre condenado queda privado del ministerio sacerdotal, es decir que ya no puede ejercer. “Lamentamos el hecho ante la familia y dejamos claro que falló la persona y no la institución”.