domingo, 25 de enero de 2009

RocknRolla

¿Por qué razón el director Guy Ritchie (2008) insiste en decirnos que es un cínico absoluto, que ve el mundo como un escenario en donde sólo caben malos y peores, y que es posible y necesario glamourizar la violencia? Dinero, dinero, dinero. Veámoslo de otra forma: RocknRolla es, entre otras cosas, la historia de una valiosa pintura (a la que nunca vemos de frente) que cambia de manos en un abrir y cerrar de ojos. El paisaje es la Londres actual con sus rusos millonarios y mafiosos, drogadictos cantantes de rock vivos/muertos, matones sin límites, concejales corruptos, etc. Ritchie hace de este discutible infortunio una suerte de drama cómico del bajo mundo. El suyo es un hermoso bajo mundo: aun las sesiones de tortura y los vistazos al infierno de las drogas se ven bien, lindos, pulcros como postales navideñas. Pero, bueno, Ritchie no es David Samuel Peckinpah; lo suyo no es el arte cinematográfico sino el dinero.
Pensándolo bien, un cínico que se reconoce como tal no lo es tanto, la vida es ciertamente horrible y de vez en cuando hay que arrebatarle la palabra glamour a una norteamericana vulgar como Madonna y arrojársela a los perros.