Lázaro Gladztein estuvo 400 días secuestrado en la ESMA durante la dictadura militar argentina. Ayer fue uno de los últimos testigos del juicio oral contra el torturador Héctor Febres. Como los anteriores, aseguró que Febres se destacaba por su ferocidad. Gladztein se hizo dos preguntas durante su declaración: ¿por qué no dejaron entrar a mi hijo a la sala de audiencias?, ¿por qué no tengo la posibilidad de verle la cara a Febres? Para el sobreviviente de la ESMA ambas cosas eran importantes: que su hijo adolescente lo viera dando testimonio. Y mirarle la cara al torturador treinta años después.
Vano intento por cantar en español el mejor verso de Dylan: “The ghost of electricity howls in the bones of her face” (“El fantasma de la electricidad aúlla en los huesos de su rostro”), periodismo de escritorio, caspa narrativa, literatura para leer en los paraderos, radio pirata & portátil, discos rayados, consejos para llegar a La Nada, comentarios varios, digresiones en orden alfabético, abrazos, besos; el último que salga, que cierre la puerta y apague la luz.
martes, 20 de noviembre de 2007
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