El sábado 24 de septiembre de 2007, el filósofo y periodista austriaco André Gorz y su esposa, Dorine, consumaron su deseo de morir juntos tras cincuenta y ocho años de vida en pareja. Un año antes del suicidio, se había publicado Carta a D. Historia de amor. Se trata de una expiación de un hombre invadido por la exigencia de intelectualizarlo todo, de un hombre que, en el pasado, había deleznado el lugar del amor en su obra. Hoy, la lectura del libro revela un contenido premonitorio al esbozar cómo se preparó este último viaje. Un viaje premeditado que emprendieron un sábado, para que nadie pudiera auxiliarlos. Uno para el que ingirieron una mezcla fatal de medicamentos. Cuando encontraron sus cuerpos yacían uno al lado del otro, siempre inseparables, como lo fueron en vida desde que se conocieron en 1947. En Carta a D., cuando ya habían transcurrido más de cincuenta años desde aquel encuentro, Gorz escribió: “Acabas de cumplir ochenta y dos años. Perdiste seis centímetros, no pesas más de cuarenta y cinco kilos, pero aún eres bella, graciosa y atractiva. Ya hace cincuenta y ocho años que vivimos juntos y, sin embargo, hoy te amo más que nunca. Hace poco me enamoré una vez más de ti, siento de nuevo en mi pecho ese vacío devorador que solo se colma por tu cuerpo ceñido contra el mío”.
Vano intento por cantar en español el mejor verso de Dylan: “The ghost of electricity howls in the bones of her face” (“El fantasma de la electricidad aúlla en los huesos de su rostro”), periodismo de escritorio, caspa narrativa, literatura para leer en los paraderos, radio pirata & portátil, discos rayados, consejos para llegar a La Nada, comentarios varios, digresiones en orden alfabético, abrazos, besos; el último que salga, que cierre la puerta y apague la luz.
jueves, 25 de octubre de 2007
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