miércoles, 9 de enero de 2008

Dante Spinneta dixit

“Para mí, a Tupac Shakur lo mató la CIA, porque era un activista con poder”.

En un mundo horrible, ¿qué es lo feo?

La presencia de la fealdad ha sido rastreada por Umberto Eco, que establece tres categorías: lo feo natural o feo en sí mismo (una carroña o un olor nauseabundo), lo feo formal o un desequilibrio orgánico respecto del todo, y lo feo artístico, que surge de cualquiera de los dos anteriores pero elevado a la categoría de arte por el artista. (Obra de Damian Hirst).

Un Londres ahogado bajo el agua

Uno de los mejores discos del año es la obra de un fantasma. Se trata del álbum "Untrue", elegido por revistas especializadas y periódicos de medio mundo como el gran logro musical de 2007. También la web Metacritic.com, dedicada a sumar y ponderar las valoraciones de decenas de medios, lo sitúa en lo más alto de su resumen anual. Tanto consenso se lo debemos a un artista que se autodenomina Burial (entierro). Un apodo que alude a su sombra. No revela su verdadero nombre. No actúa en directo ni aparece en fotos. Burial no revela su verdadero nombre. No actúa en directo. No aparece en fotografías. El artista es la estrella más oscura de la música electrónica y también uno de los nombres clave en el dubstep, género también elusivo, mezcla de dub, drum and bass y techno minimalista, que nació en los barrios del sur de Londres a principios de esta década. Por sus ritmos atronadores, melodías sombrías y visión apocalíptica, el estilo parecía condenado a permanecer en el subsuelo, alimentando radios piratas y madrugadas londinenses. Pero el boca-oreja hizo que el primer disco homónimo de Burial, que pintaba un Londres futuro ahogado bajo el agua, se hiciera eco más allá de la prensa especializada. Con "Untrue" no ha hecho sino llegar la confirmación. Su segundo trabajo es tan melancólico y extrañado como el primero, pero añade voces que parecen de otro mundo, presencias de ángeles desgraciados, ruidos de llaves de coche y disparos. Narra historias de fantasmas, viajes en autobuses nocturnos, ecos de fiestas pasadas, noches solitarias en un McDonald's.

domingo, 6 de enero de 2008

María Jimena Duzán dixit

Quién iba a imaginar que una guerrilla que comenzó su lucha armada asumiendo la voz de muchos campesinos sin tierra que apoyaron el levantamiento de Marquetalia en 1964 iba a terminar batiendo récords macabros en los albores del siglo XXI: sus secuestrados son los seres humanos que más tiempo han durado en cautiverio en el mundo y los hijos que engendra terminan como Emmanuel: sin hogar, sin memoria, despojados de todo afecto. Con una guerrilla así, como diría Coetzee, hasta los anarquistas se vuelven pesimistas.

Estiércolombia II


La revista Semana se complace en presentar, en exclusiva mundial, la mirada de Emmanuel (sic). La revista Cambio publicará, a su vez, la sonrisa del niño. La W se encargará de su cabeza y la FM de su pecho y estómago. El Tiempo se pide la foto de sus pies.

Amores colombianos

El hallazgo de la fosa de la hermana del guerrillero Pablo Catatumbo, ex novia del paramilitar Carlos Castaño, se produjo el viernes luego de que el líder paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano, alias 'Don Berna', entregó las coordenadas durante una audiencia de confesión. Janet Torres, quien había sido secuestrada por un comando paramilitar en abril de 1996 en una agencia de viajes de Cali, había sido trasladada hasta Valencia (Córdoba), a un campamento de las autodefensas, comandado por Castaño. La idea, según confesó 'Don Berna', era presionar a la guerrilla de las Farc para que cesara sus hostilidades en contra de los 'paras'. Y para eso, iniciaron el secuestro de varios familiares de los jefes guerrilleros, entre ellos Janet Torres, quien luego de 8 meses de cautiverio, fue dejada en libertad en diciembre de 1996. Sin embargo, ella habría regresado por voluntad propia al campamento de Castaño, al parecer atraída por un sentimiento amoroso. Desde entonces, la pareja habría sostenido un romance que duró pocos meses. Sin embargo, Castaño ordenó al poco tiempo su muerte al considerar que la mujer se había infiltrado en las filas paramilitares con el fin de obtener información para las Farc.

Un asiento para el gato debajo del asiento para el hombre

Un joven diseñador colombiano -Gabriel Sierra- hace cosas que no parecen tener uso comercial. Sin pudor, materializa preocupaciones domésticas aparentemente triviales y emociones inconfesables. El diseño es más que producir nuevos objetos. Dice Gabriel: "tengo 32 años y soy de un pequeño pueblo de la costa Caribe, a una hora de la playa, llamado San Juan de Nepomuceno. A pesar de ser zona roja es un pueblo muy apacible donde pasé una infancia muy linda. Mi papá es campesino y en el pueblo la idea es que termines la escuela y te salgas a estudiar otras cosas fuera. Yo me fui a Bogotá. Primero estudié arquitectura. Tenía un tío de Barranquilla que era arquitecto y esa idea de la modernidad la recibí de niño a través suyo. Pero enseguida me di cuenta de que no era lo que quería para mí y a través de un amigo que estudiaba diseño apliqué y me cambié a industrial."

Simone de Beauvoir por María Moreno

Simone de Beauvoir es sin duda una de las mujeres más importantes del siglo XX. El segundo sexo –de 1949, un ensayo agudo sobre la opresión de las mujeres– se convirtió en un libro capital de lo que luego sería el feminismo, desató una revolución moral con respecto a la mujer en la sociedad y preservó un poder libertario que todavía ejerce sobre millones de lectoras. Sus novelas y memorias tuvieron impacto y reconocimiento similares. Escribió sobre sexo como ninguna mujer lo hacía, sobre el aborto, sobre la violencia, sobre política y las guerras de liberación, y sobre sus propias experiencias con un nivel de exposición apabullante. Además, su pareja con Jean-Paul Sartre se convirtió en una de las más célebres y emblemáticas del siglo: desde que se conocieron, en 1929, nunca se casaron, se dedicaron el uno al otro de manera absoluta y se permitieron involucrarse sexual y emocionalmente con terceros, siempre y cuando compartieran los detalles. El miércoles que viene –9 de enero– se cumplen cien años de su nacimiento. Mientras París se prepara para honrarla con un simposio sobre ella con lo más granado del mundo intelectual europeo y un puente peatonal sobre el Sena con su nombre, Radar lo hace en la pluma de escritoras e intelectuales argentinas que reconocen deberle lo mismo que muchas otras mujeres: buena parte de lo que son.
En una habitación de departamento del barrio de Balvanera iluminada por una vela y cuyas paredes estaban cubiertas en toda su extensión por citas literarias al igual que una cave existencialista, yo solía posar de lectora. Y, cualquiera fuese la posición que adoptase ante el libro, siempre podía divisar la puerta donde un corazón dibujado con tiza encerraba los nombres de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Ese gesto digno de la historieta “Susy, secretos del corazón” no era una rareza. Es que antes de mayo del ’68 nuestros vínculos –los de los que echábamos manotazos de ahogado para encontrar imágenes soberanas en las que templar nuestra adolescencia– estaban atravesados por el molde de ese par mesiánico. Los ménages à trois aderezados por confesiones laicas que se extendían hasta la madrugada, la pose del alcohol y de la boina, el gusto considerado antiburgués por la oscuridad y los locales sin ventanas nos hacían acceder a una filosofía a través de su parte más sencilla, la superficie. Y si El segundo sexo se fue convirtiendo poco a poco en algo así como el Libro Rojo de la nueva feminidad, las autobiografías de Simone de Beauvoir (Memorias de una joven formal, La plenitud de la vida, La fuerza de las cosas y Final de cuentas) nos permitían una lectura paradójica de la propia vida: al mismo tiempo como una elección y como una profecía. Para nosotras, las chicas, los insistentes viajes de aprendizaje que solíamos realizar, mochila al hombro y aire amenazante, estaban menos inspirados en las aventuras selváticas del doctor Guevara que en los viajes que Simone solía hacer sola por el mundo. Creo recordar, en uno de sus libros de memorias, una frase irresponsable: “Ninguna mujer puede ser violada por un solo hombre”. Luego Simone detallaba didácticamente cómo se quitó de encima, y mediante unas cuantas monedas, a un árabe que se le sentó entre las piernas mientras ella dormía tranquila y desafiante en el desierto. Pero nuestra importación no era tan turística. No importaba cuántas veces los imperativos de la moda nos llevaran al lecho del líder y a los delirios celotípicos: fundamentalistas, queríamos explorarlo todo en nombre de una libertad que ignoraba cuánto tenía de un totalitarismo íntimo donde el deseo era considerado una fuerza sin barreras capaz de ignorar tanto la existencia del inconsciente como la de la delicadeza. Sin embargo ninguno de esos matrimonios de exploradores duró menos que los monogámicos o tradicionalistas del cuerno. Entre lágrimas nos divertíamos. Hoy esa “nueva sinceridad” que lucha contra la propiedad privada de los cuerpos quizá vive sus vicisitudes en los vínculos entre homosexuales, mostrando que cuestionar el imperativo hétero no exige sólo cambiar el otro sexo por el mismo sino, como quería Foucault, “otro modo de vida”.
Fueron esas invenciones privadas las que, publicadas las cartas y diarios de la pareja vedette y cumplidos los derechos a réplica de las supuestas víctimas de esa pasión caníbal, se convirtieron en el flanco débil de la obra de Simone de Beauvoir: las críticas hoy se apoyan fundamentalmente en las vertientes dramáticas del vínculo de ésta con Sartre y en una supuesta misoginia que ni el monumental El segundo sexo pudo expiar. Sin embargo, cabe aclarar que la de Simone de Beauvoir y Sartre no era una “pareja abierta” a la americana, según los códigos de las comunidades californianas de los años sesenta, ni de consumidores de avisos swinger. Para el existencialismo cada conciencia que logra su libertad es una perpetua superación de sí misma hacia otras libertades. Esta acta de los misioneros Sartre y De Beauvoir, que llevaba a no desestimar el amor y la amistad plurales, no podía realizarse sin conflictos, ya que no se trataba de una política de la felicidad sino de una exploración de la libertad. ¿Simone de Beauvoir, por haber escrito El segundo sexo, debía mantener con las mujeres relaciones carentes de aristas celosas, envidiosas o despectivas? Más claro, ¿deberíamos abandonar la lectura de Marx por el trato que le daba a su mucama? ¿A Freud por haberse impuesto la castidad para escribir un obra que otorga una gran importancia a la sexualidad?
EL SEGUNDO SEXO
Hace cincuenta años, más exactamente el 24 de mayo de 1949, apareció esta obra, llegando a alcanzar, durante las primeras semanas, entre las “oes” de escándalo y las persignaciones conjuradoras, una cifra de ventas de 20.000 ejemplares. En enero de 1999 la historiadora Michelle Perrot convocó a los salones de La Sorbona y el Ministerio de Investigación y Educación de París a 120 mujeres provenientes de todas partes del mundo, para homenajear a la que, con su turbante rojo y un anillo regalado por su amante Nelson Algreen en el dedo, había sido enterrada en Montmartre trece años antes. Muchas de las ponencias se detuvieron en una lectura vigorosa de El segundo sexo, el libro que daría la buena noticia de que ser mujer no es una esencia ni un destino y que la opresión tiene un status contingente. Durante el coloquio, Sylvie Chaperon hizo una historia de las traducciones: los japoneses, por ejemplo, habían reemplazado “feminidad” por “maternidad”. En los EE.UU. el texto fue cortado de manera que quedaran fuera las partes más complejas, privilegiando las positivas. En la desaparecida URSS estuvo prohibido hasta la llegada de Gorbachov.
Los ataques más virulentos contra El segundo sexo parten de las afiliadas al feminismo de la diferencia. Sylviane Agacinsky, por ejemplo, autora de Política de sexos, le reprocha haber pensado la maternidad sólo en términos de opresión, olvidando el contexto del libro: la Francia coaccionada a levantar la tasa de natalidad y así conjurar el fantasma de la poderosa Alemania y a relevar los cuerpos invertidos en la Segunda Guerra. La teórica Judith Butler la acusa de no haber cuestionado la noción del sujeto cartesiano, en un paulatino cambio de opinión, ya que en una lectura anterior de El segundo sexo había encontrado en la frase “uno no nace mujer, sino que se hace” una fecundidad inusitada para redefinir las fronteras entre los géneros. Lo cierto es que cuando Simone de Beauvoir escribió El segundo sexo no era feminista y faltaban casi dos décadas para que irrumpiera en Francia el MLF, Movimiento de Liberación Femenina. Simone de Beauvoir se hizo políticamente feminista en los años setenta y no se la puede juzgar hoy por su enfrentamiento a una posición (la del feminismo de la diferencia) que no existía cuando ella escribió su texto fundante. Por otra parte, lo que más tarde vio en el feminismo de la diferencia era, desde la filosofía existencialista, su propio disentimiento con el psicoanálisis pero también una metafísica y un soporte poético del conformismo político.
¿Hay que guardar El segundo sexo junto a Corazón de Edmundo D’Amicis, por ejemplo, en nombre de un supuesto evolucionismo teórico? ¿Habrá que dejar de leer a Kant porque existe Lévinas? ¿A Freud porque existe Lacan?
SIMONE AQUI
En la Argentina Simone de Beauvoir ha dejado huellas por lo menos heterogéneas. El segundo sexo instó a Silvina Bullrich a una interpretación pragmática y burguesa que la llevó a promover en sus obras la independencia sexual y la voracidad profesional (¿un toque de Françoise Sagan en ese look?). Alentó a Beatriz Guido a imitar en su vínculo con Leopoldo Torre Nilsson una unión místico-intelectual y, en sus novelas, el sello del compromiso político. Las protagonistas de Ernesto Sabato: la Alejandra de Sobre héroes y tumbas y la María de El túnel vienen de la ósmosis sartreana, su estilo trágico, ¿su neurosis?, pero con un fondo de adustez muy a la De Beauvoir.
En los años sesenta Oscar Masotta y René Cuellar llevaban a la práctica una vida de corte existencialista y una filosofía a tono que alimentó los escritos del primero (más bien sus primeros escritos, como Conciencia y estructura), a la manera de una fundación. El vínculo múltiple y pasional no carecía de violencia y hubo un Masotta, por excepción parco en reflexiones, que respondió a una encuesta realizada por la revista Claudia sobre los deseos de fin de año: “Quisiera que la persona que amo cambiara”.
Simone de Beauvoir aparece como personaje en la novela Nanina de Germán L. García: el joven protagonista y su novia viajan desde Junín a Buenos Aires, sueñan, fantasean. “Y Mirta leerá a Simone de Beauvoir” se lee en algún pasaje. El segundo sexo no aparece como el panfleto importado que hay que adaptar o cuestionar a la realidad nacional sino como el pasaporte de una joven provinciana para abordar la gran ciudad.
UN RELOJ EN LA HELADERA
Aun los que hoy consideran que las reivindicaciones feministas son superfluas comadrean sobre el estilo adusto –”institutriz con zapatos de taco chato”, la llamó Nelson Algreen– de Simone de Beauvoir, su turbante copetudo que le daba aspecto de sultán, su agresividad sin atenuantes, las exigencias de rigor crítico con que azuzaba a sus amigos y amores, es decir, le reclaman “ser más femenina”. Han olvidado que la vehemencia forma parte del estilo oratorio del existencialismo, como si el compromiso necesitara gritarse en negritas. Que Simone de Beauvoir careció de la dulzaína retórica con que la psicología remozaría años más tarde los buenos modales de la feminidad y que para dar a luz El segundo sexo era preciso ser fuerte. He aquí un ejemplo de esa fuerza.
Claude Mauriac había aludido en Le Figaro Littéraire a Simone de Beauvoir con la siguiente bajeza: “Escuchamos con un tono de indiferencia cortés... a la más brillante de ellas, sabedores de que su espíritu refleja de manera más o menos deslumbrante una serie de ideas que proviene de nosotros”. Ella le contesta en El segundo sexo: “No son las ideas de Claude Mauriac en persona, evidentemente, las que refleja su interlocutor, puesto que no se le conoce ninguna; es posible que ella refleje ideas que provienen de los hombres; entre los mismos machos hay más de uno que considera suyas opiniones que no ha inventado; es posible preguntarse, entonces, si Claude Mauriac no tendría interés en entretenerse con un buen reflejo de Descartes, de Marx o de Gide antes que consigo mismo; lo notable es que por medio del equívoco del nosotros se identifique con San Pablo, Hegel, Lenin y Nietzsche, y que desde lo alto de su grandeza considere con desdén al rebaño de mujeres que se atreven a hablarle en un pie de igualdad; a decir verdad, conozco a más de una que no tendría paciencia suficiente para conceder al señor Mauriac un ‘tono de indiferencia cortés’”.
Una amante engañada la definió como “un reloj en la heladera”. Sin embargo basta leer las memorias de Simone de Beauvoir para recorrer los detalles de una sensualidad introspectiva y un coraje en la autoexposición que, lejos de ser motivado por el exhibicionismo, se sustentaba en investigaciones de las que se exigía no sustraerse como objeto: “No soy yo la que se despega de las antiguas felicidades, sino ellas de mí: los senderos de la montaña se niegan a mis pies; nunca más me desplomaré cansada entre el olor del heno, nunca más resbalaré solitaria en la nieve de la mañana. Nunca más un hombre”, desnuda como testimonio de la vejez, empezando por la propia. La definición de Simone de Beauvoir como un “reloj en la heladera” no evita que haya sido ella la primera mujer que describió una fellatio de la que era protagonista activa (Los mandarines, La fuerza de las cosas). Que hoy su obra se reduzca a los avatares de su intimidad con Sartre (a un supuesto fracaso) y a la superación de “ese” feminismo parece ser un eco de la invitación a la monogamia, a la vuelta al hogar de la estresada mujer independiente y a las pasiones de segunda que, con la chapa del sida y de la violencia juvenil, realiza el modelo conservador que parece menos superable que El segundo sexo.
En 1986, mientras acompañaba el cuerpo de Simone de Beauvoir al cementerio, en medio de un cortejo de 10.000 personas, la historiadora Elisabeth Badinter estalló en sollozos gritando a las mujeres de la multitud “¡Le debéis todo!”. Y la frase fue repitiéndose, cantándose en diferentes lenguas, renovando los sollozos. Quizá no se pueda esperar hoy un efecto similar entre las jóvenes que lean por primera vez El segundo sexo, pero es deseable que éste se convierta en un libro talismán como lo fue para varias generaciones de mujeres.

viernes, 4 de enero de 2008

The End/Créditos/El público agotado se va para la casa

Las Farc reconocen que niño en poder del ICBF es Emmanuel, pero aseguran que el presidente Uribe lo 'secuestró'. En un comunicado aseguran que el niño había sido entregado al cuidado de "personas honradas mientras se firmaba el acuerdo humanitario. La opinión pública nacional e internacional entiende muy bien que Emmanuel no podía estar en medio de las operaciones bélicas del Plan Patriota, de los bombardeos y los combates, la movilidad permanente y las contingencias de la selva", sostiene el escrito divulgado por la Agencia Bolivariana de Prensa.

jueves, 3 de enero de 2008

Habla el nuevo Alcalde de Cali sobre el nuevo Gobernador del Valle del Cauca

"Nuestro vino es amargo, pero es el nuestro. Después de 25 años de narcotráfico en el Valle, 30 de guerrilla y 10 de paramilitarismo, pretendemos que las personas que surjan vengan como de Marte. Creo que podemos convertir en el imaginario de la gente al gobernador electo Juan Carlos Abadía en un monstruo y aislarlo y estigmatizarlo como tal. Yo creo en que a la gente hay que darle la oportunidad. Abadía tiene 28 años y puede escoger el camino de hacer un buen gobierno."

miércoles, 2 de enero de 2008

Libertad, desigualdad, fraternidad

La imagen de dos hombres desnudos en una cama molesta a algunos en Francia. La Asociación de Profesionales por una Publicidad Responsable ha censurado una campaña institucional contra la propagación del virus del sida entre el colectivo homosexual porque el cartel que muestra a la pareja les resulta demasiado explícito. El veto de la asociación ha hecho que otras organizaciones, como Act Up París, dedicadas a la lucha contra el sida, hayan criticado el doble rasero que se aplica todavía en la publicidad dependiendo de si en los anuncios aparecen gays o heterosexuales.

Fernando Savater dixit

A comienzos de diciembre, tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Berlín un encuentro internacional sobre el pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994). Participaron Franco Volpi (que ha preparado la edición de las obras completas del autor y lo ha traducido al italiano), Carlos B. Gutiérrez (catedrático de la Universidad de los Andes), Krysztof Urbanek (traductor al polaco) y el que suscribe. También intervino Peter Brokmeier, presentando y leyendo textos inéditos de Botho Strauss, un escritor entusiasta de Gómez Dávila como también lo fueron el dramaturgo Heiner Müller y el mismísimo Ernst Jünger. Esta enumeración demuestra el progresivo interés internacional por la obra de un pensador que pertenece a la estirpe de esos "raros y exquisitos" que a veces alcanzan finalmente el reconocimiento, como Cioran o Canetti, en ocasiones quedan a medio camino, como Antonio Porchia, y a menudo siguen a la intemperie, como Albert Caraco.
La obra de Gómez Dávila se compone de miles de unos aforismos que él llamaba "escolios a un texto implícito" y que presentaba como notas al margen de un sistema filosófico que nunca escribió. Ese conjunto monumental, secreto y provocador constituye algo así como una "estética de la resistencia" a las ideologías y modos de vida dominantes en la sociedad moderna, desde la óptica de un declarado reaccionario que por sus magistrales desplantes ("los tres enemigos del hombre son el demonio, el Estado y la técnica") puede descolocar tanto a la derecha como a la izquierda tradicionales.
Para comenzar, debo decir que los fundamentos que subyacen al pensamiento de Nicolás Gómez Dávila me resultan perfectamente ajenos. Es más, en la medida en que uno puede atreverse a hacer aseveraciones metafísicas tajantes, creo que son completamente erróneos. La concepción ultracatólica de la realidad como coartada positiva de un escepticismo radical, la vieja y obstinada querella contra la democracia (tan antihistórica, porque en la idea de democracia se reúne lo mejor de Grecia y lo mejor del cristianismo occidental), la fruición en denunciar los ideales de ilustrados de Igualdad, Justicia, Progreso, etcétera... (ninguno de los cuales obliga a una fe ciega, porque, como el mismo Gómez Dávila nos dijo, "ser civilizado es poder criticar aquello en que creemos sin dejar de creer en ello")... todas estas concepciones de fondo me parecen inconsistentes y desde luego no me mueven a ninguna simpatía. Incluso diré que cuando afloran a través de algunos de los rarísimos aforismos de Gómez Dávila que incurren en su detestada bêtise, siento un cierto alivio: por ejemplo, cuando dice "quien no vuelve la espalda al mundo actual se deshonra" o también "aun la derecha de cualquier derecha me parece siempre demasiado a la izquierda".
En efecto, es tranquilizador para un progresista -y no tengo más remedio que confesarme como tal, más allá de las estrictas demarcaciones de la izquierda y la derecha- considerar rechazables las conclusiones que obtiene un reaccionario militante de sus presupuestos ideológicos. Lo malo es que, en el caso de Gómez Dávila, esa tranquilizadora concordancia es la excepción y no la regla. En la mayoría de las ocasiones, los aforismos del pensador colombiano son demoledoramente certeros y tan válidos desde mis propios presupuestos como puedan serlo desde los de quienes compartan los suyos, tan opuestos.
De ahí lo contradictorio y casi agónico de mi pasión por Gómez Dávila: no comparto ninguno de sus axiomas, pero sí la mayoría de lo que deduce de ellos. Sobre todo cuando niega y rechaza, aunque mucho menos cuando afirma. Lo cual no le resta interés, porque, como él mismo escribió, "muchas doctrinas valen menos por los aciertos que contienen que por los errores que rechazan". Insisto en este punto, ya que no admiro sus Escolios simplemente por su espléndido tino expresivo, duro como la roca y trémulo como la rama según su propia inolvidable descripción, ni tampoco por su evidente ingenio y su tonificante humor sino ante todo porque da la casualidad -lo mismo que advirtió Borges sobre las aparentes boutades de Oscar Wilde- de que suele decir verdades, sobre todo cuando critica. Y para mí, que no soy posmoderno y mucho que lo lamento, la verdad es más importante que el estilo, que el ingenio y al menos tan importante como el mismísimo humor.
Quizá el aspecto más interesante del pensamiento de Gómez Dávila consista en que no puede ser sencillamente clasificado como un pesimista a lo Cioran o como un nostálgico de los felices tiempos pasados, como tantos aristocratizantes que no echan de menos la ilusoria armonía perdida de la sociedad antigua sino sólo sus desaparecidos privilegios. Gómez Dávila no es ese laudator temporis acti de que habla Horacio en su Arte poética. Por el contrario, revela frecuentemente una sensibilidad desprejuiciada -por crítica que sea- ante los ritos y mitos de la modernidad. El escolio en que afirma "el bárbaro o totalmente afirma o totalmente venera. La civilización es sonrisa que mezcla discretamente ironía y respeto" entronca con un comentario muy parecido de Isaiah Berlin, quien señaló en oposición al fanatismo del bárbaro que la persona civilizada está dispuesta a luchar e incluso morir por ideas en las que no cree del todo. No es el pesimismo, sino la lucidez la que le lleva a afirmar "madurar no consiste en renunciar a nuestros anhelos, sino en admitir que el mundo no está obligado a colmarlos". Ningún verdadero pesimista admite nunca del todo que la auténtica cordura implica frustración pero no se reduce a ella.
Otro punto interesante, aunque sea ocasional, es su franco interés por la sexualidad. En ese campo, rechaza las soluciones fáciles, tanto convencionales como más a la moda: "El problema no es la liberación sexual ni la represión sexual, sino el sexo". Por supuesto, es desde luego la ideología en boga la que se lleva sus más acerados dicterios, pero no desde el estrecho puritanismo: "Nada más repugnante que lo que el tonto llama 'una actividad sexual armoniosa y equilibrada'. La sexualidad higiénica y metódica es la única perversión que execran tanto los demonios como los ángeles". Y tampoco enlaza precisamente con la mentalidad mojigata una de sus afirmaciones positivas más discutibles y a la vez más gloriosas: "Un cuerpo desnudo resuelve todos los problemas del universo". Y también este dogma erótico: "Quisiéramos no acariciar el cuerpo que amamos, sino ser la caricia". Incluso me atrevería a decir que en ocasiones se arriesga a propósitos que podría suscribir cualquier materialista: "Sólo hay instantes". Y por encima de todo el aforismo que prefiero sobre cualquier otro de los suyos, una declaración desesperadamente triunfal que se sitúa más allá de la falsa dicotomía entre pesimismo y optimismo, desde luego mucho más allá del escepticismo limitado y limitador: "Lo contrario de lo absurdo no es la razón sino la dicha".

Una durísima carne de cebú difícil de roer

"Sos un audaz", le dijo Néstor Kirchner al presidente Alvaro Uribe. "Si esta historia llega a ser falsa va a ser un papelón para vos", explicó. El colombiano lo miraba impávido y hacía ejercicios de relajación. Pasaba la mano por encima de la cabeza y estiraba el cuello lentamente, para un lado y para el otro. Acababa de dar a todos los delegados internacionales, reunidos en una base militar en Villavicencio, una noticia bomba: había aparecido un niño en un asilo colombiano que, "según una hipótesis", podría ser Emmanuel, el chico nacido en cautiverio y que iba a ser liberado por las FARC, junto a su madre Clara Rojas y a la ex congresista Consuelo González. Esta noticia y la demora en la llegada de los datos por parte de las FARC, que en un comunicado por la mañana argumentaron falta de seguridad por bombardeos del ejército colombiano en la zona, frustraron la "Operación Emmanuel" y los delegados tuvieron que volverse a casa. Ayer, el presidente Hugo Chávez anunció que, pese al traspié, seguiría avanzando en gestiones "clandestinas" para la liberación. Colombia le respondió que esas gestiones "no tienen sentido". Mientras que fuentes argentinas analizaba ante Clarín que "si las FARC fuesen inteligentes ahora deberían liberar rápido a los tres rehenes, para mostrar que Uribe se equivocó". El presidente colombiano, que había mantenido un bajo perfil hasta el lunes, copó así el centro de la escena con un viaje de Bogotá a Villavicencio, esta ciudad de 350.000 habitantes rodeada de montañas selváticas, por donde se desplaza la guerrilla. Con una guayabera de finísimo hilado blanco, pantalón y sombrero ranchero al tono, Uribe se reunió con los delegados de Argentina, Brasil, Cuba, Francia, Ecuador, Suiza y Bolivia, más las distintas personalidades que operaban como garantes. Estuvieron hablando por más de una hora y el colombiano les contó que las FARC "mienten". Como prueba relató varios ejemplos y, mientras masticaba lentamente una durísima carne de cebú, sacó su as de la manga: la inesperada hipótesis del niño en el asilo."Es un cagada olímpica", graficó sin eufemismos uno de los negociadores. "Es algo macabro, tendencioso", agregó. Y lo comparó con la "maniobra" que el colombiano había hecho en noviembre al desplazar a Hugo Chávez y Piedad Córdoba como facilitadores de la entrega de los rehenes en manos de las FARC.Según interpretan fuentes presentes en la reunión, la jugada de Uribe formó parte de una estrategia de ruptura de la operación. Primero quiso quebrar la cohesión de las delegaciones: hasta las separaron físicamente en distintas fincas, lo que prácticamente les impedía reunirse. Ni hablar de las operaciones de espionaje. La estancia donde se alojaba Kirchner era sobrevolada permanentemente por un avión fantasma; "había micrófonos hasta debajo de la cama" y militares hasta en los lugares más privados, revelaron fuentes de la misión. Como no lograba romper la unidad de los delegados, Uribe les comunicó el domingo por la noche, a través del comisionado Luis Carlos Restrepo, que no garantizaba su seguridad en la selva, especialmente la de Kirchner y la del brasileño Marco Aurelio García. Pese a eso, los garantes dijeron que se quedarían."Ahí apostó más fuerte y se fue a Villavicencio con esa historia del chico. Quería a toda costa romper la negociación", dijeron a Clarín fuentes argentinas. Mientras transcurría la reunión, el canciller venezolano Nicolás Maduro salió al parque a hablar por teléfono, seguramente con Chávez. Se lo veía caminar nervioso, de aquí para allá. Cuando el encuentro terminó, Uribe salió rodeado de militares y se acercó a los periodistas a dar su discurso, similar al que le había dado a los delegados. Dijo que daba todas las garantías de seguridad y su jefe del ejército señaló que "no había combates en la zona". Una fuente de la delegación argentina destacó una sutileza: "Que no haya 'combates' no significa necesariamente que no hay bombardeos". El colombiano ofreció su mensaje en un atril con la bandera colombiana (se puso para la ocasión un manto al hombro con los mismos colores) y se rodeó de su gente. Los delegados salieron en grupo, pasaron a metros de Uribe y siguieron de largo, prácticamente sin mirarlo. Poco después, en otro aeropuerto, Kirchner habló como vocero de los garantes y anunció "dificultades que impidieron la concreción" de la liberación. "Se trata del más delicado y crucial momento, donde es necesario reunir todas las condiciones para garantizar la seguridad de todos y el éxito de la operación". Además -en nombre del resto- instó a Uribe a crear "un espacio humanitario y seguro que permita el traslado de los rehenes" y a las FARC a "abstenerse de realizar acciones durante la operación humanitaria". Para los delegados era hora de volver a casa.

martes, 1 de enero de 2008

Estiércolombia

Escribe en la página virtual de la revista Semana un lector identificado como Sergio Vicente Quiroz Arteaga: qué se podría haber esperado de una Presidente como Ingrid Betancourt que se fue a entregar a las FARC para que la secuestraran haciendo caso omiso a las advertencias de los militares y de una Vicepresidente como Clara Rojas que le abrió las piernas a un guerrillero. Bonita pareja de dirigentes, la "bomba de dúo". Ahora Colombia entera paga las consecuencias..

Tráiganme la cabeza del que me orinó y seremos amigos

El concierto del 12 de agosto de 2006 en Washington de The Mars Volta se convertiría en una de las experiencias más desagradables para la banda cuando en medio del show esta recibió el impacto de una botella llena de orina arrojada desde el público, luego de que Cedric hiciera unos comentarios acerca de unos fans que estaban haciendo "slam dancing". La banda interrumpió su show poco después. Mientras se iban, Bixler-Zavala le dijo a la multitud: "Le pagaré de US$100 a US$1.000 a quién me ayude a encontrar a la persona que arrojó orina. Le daré merchandising gratis y pases de por vida para los shows de Mars Volta. Encuentren a esa persona y denle su merecido. Tráiganme su cabeza y seremos amigos."