miércoles, 30 de enero de 2008

Histórico crecimiento de la economía colombiana

Muere una niña después de pedir atención médica en cuatro sitios de Cali. Su madre relata el ‘vía crucis’ para que desintoxicaran a su hija. Hospitales y clínicas dicen que cumplieron con su deber. Según cuenta la madre, en el Hospitalito Niño Dios le pidieron el documento de Sisbén de la niña. No lo tenía. Entonces, corriendo, fue a la casa y sacó una copia que guardaba para este tipo de casos. Pero no sirvió. “No nos atendieron por eso”, cuenta. Así que debió correr de nuevo. Llegó a la Clínica Versalles, donde, según dice Nasly, no atendieron a Gisel porque debían hacerle un lavado estomacal “y me dijeron que no se lo hacían porque yo no tenía con qué pagar”. Entonces partió hacia el centro de salud Manuela Beltrán. Allí se encontró con una negativa más. No atendieron a la pequeña porque allí no hay servicio de urgencias. Para ese momento, ya había pasado el medio día. O sea que la niña llevaba cerca de tres horas sin atención después de haberse tomado el jarabe. En un último esfuerzo por salvarla, Nasly llegó al Hospital Universitario Valle del Cauca. Pero en ese momento, la niña ya estaba convulsionando. “El médico me preguntó que por qué me había demorado tanto en llevarla, y le dije que anduve todo ese tiempo buscando quién me la atendiera”, cuenta. Minutos después, hacia las 3 de la tarde, la niña murió.
La muerte de esta pequeña se da en momentos en que el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar da a conocer que en Colombia mueren cada año 15 mil niños por causas prevenibles, como este caso. Semejante situación impresiona más si se tiene en cuenta la posible tardanza para brindarle atención médica oportuna a la menor.
El padre Alexander Matiz, director del Hospitalito Niño Dios, explicó Que “la señora llegó con la niña a las 12 y 20 del día. La doctora que atendía urgencias a esa hora estaba con otro paciente. La enfermera le llevó el frasco de Lanitop y le dijo que había llegado una niña que se había tomado ese medicamento. Entonces la doctora notó la gravedad y dijo que eso era un caso de nivel 3 (que se encarga de atender urgencias graves)”. Según el Padre, “la enfermera fue y le dijo a la mamá que debía buscar atención de nivel 3 y le explicó que el Hospitalito, de nivel 1, no tenía capacidad para atender la urgencia de la niña. La enfermera le dijo que se fuera para el hospital Carlos Holmes (que queda cerca). Pero la señora no fue a ese hospital, sino a otro más lejano. Cuando la doctora salió a ver a la niña, ya se habían ido”. El religioso aclaró que “en Urgencias no se les pide carné a los pacientes antes de atenderlos, sino que cuando se les ha hecho el proceso, porque este hospital se hizo para los pobres de Aguablanca”. Por su parte, la Clínica Versalles emitió un comunicado en el que explica su versión y lamentan la muerte de la niña. “La menor de edad Luna Portocarrero fue atendida en la Sede San Marcos de la Clínica Versalles ayer (lunes) a mediodía, al ser llevado por su madre por haber ingerido gotas de Lanitop. La Clínica Versalles le practicó de inmediato valoración médica y de enfermería en la Sala de Emergencias encontrándola en buen estado general con condición hemodinámica normal razón por la cual se procedió a remitirla a la Red de Salud Pública. La Clínica Versalles cumplió así con sus deberes éticos y legales”, dice el documento.

martes, 29 de enero de 2008

Yankees come home

"Fue impresionante. Eran como aves de colores que sobrevolaban en diagonales y frenaban en pleno cielo". Con esa frase, Álvaro Uribe, director de la organización Contacto Ovni de Colombia, describe el momento en el que, con otras 30 personas, presenció el avistamiento de diez ovnis que sobrevolaron los municipios Tabio y Tenjo, en Cundinamarca. El grupo de observadores, que estaba en la punta de La Peña de Juaica, vio el primer asomo de luz hacia las 7 p.m. del sábado. De ahí en adelante el cielo, según ellos, se llenó de objetos no identificados que, dicen, a todas luces, no eran aviones ni mucho menos estrellas fugaces o satélites. "De lo que sí estoy seguro es que eran naves que nos estaban sobrevolando", señaló Uribe. Agregó que ya perdió la cuenta de cuántos objetos ha visto desde que se dedica a la parapolítica y la ufología, y que es tal el interés que se tiene por el tema, que en Colombia hay más de cuarenta millones de miembros del grupo. "Algunos ovnis están viniendo a observarnos. Si quisieran invadirnos, ya lo hubieran, pero lo que quieren es ayudarnos", afirmó.

lunes, 28 de enero de 2008

Recordando a Soriano

Por Eduardo Galeano
En uno de sus cuentos, Soriano imaginó un partido de fútbol en algún pueblito perdido en la Patagonia. Al equipo local, nunca nadie le había metido un gol en su cancha. Semejante agravio estaba prohibido, bajo pena de horca o tremenda paliza. En el cuento, el equipo visitante evitaba la tentación durante todo el partido, pero al final el delantero centro quedaba solo frente al arquero y no tenía más remedio que pasarle la pelota entre las piernas.Diez años después, cuando Soriano llegó al aeropuerto de Neuquén, un desconocido lo estrujó en un abrazo y lo alzó con valija y todo:–¡Gol, no! ¡Golazo! –gritó–. ¡Te estoy viendo! ¡A lo Pelé lo festejaste! –y cayó de rodillas, elevando los brazos al cielo.Después, se cubrió la cabeza: –¡Qué manera de llover piedras! ¡Qué biaba nos dieron! Soriano, boquiabierto, escuchaba con la valija en la mano. –¡Se te vinieron encima! ¡Eran un pueblo! –gritó el entusiasta. Y señalándolo con el pulgar, informó a los curiosos que se iban acercando: –A éste, yo le salvé la vida. Y les contó, con lujo de detalles, la tremenda gresca que se había armado al fin del partido: ese partido que el autor había jugado en soledad, una noche lejana, sentado ante una máquina de escribir, un cenicero lleno de puchos y un par de gatos dormilones.
(El texto de Galeano, llamado “El lector” forma parte de su libro Bocas del tiempo. Hoy se cumplen once años de la muerte de Osvaldo Soriano.)

domingo, 27 de enero de 2008

Como si dejara de salir el sol

El líder cubano, Fidel Castro, detalló en su entrevista del pasado día 15 de enero con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, su nostalgia de la Unión Soviética, cuya desaparición fue para él “como si dejara de salir el sol”.

viernes, 25 de enero de 2008

Condoleezza Rice visita a Medellín

Un misterioso incendio ocurrido en el Planetario de Medellín coincidió con la visita de Condoleezza Rice a la ciudad. El hecho afectó el observatorio astronómico (el incendio). Al parecer un corto circuito provocó la conflagración que se inició en la madrugada del viernes, y que fue controlada por seis máquinas del Cuerpo de Bomberos de la capital antioqueña (el incendio). Los daños obligarían a cerrar el centro cultural por un par de días (la visita). Una comisión técnica del Sistema de Prevención y Atención de Desastres comenzó la evaluación de los daños y las posibles causas que originaron la tragedia (la visita).

jueves, 24 de enero de 2008

¡Vive Colombia, no viajes por ella!

El legendario Bob Dylan realizará durante febrero y marzo de 2008 una gira por México, Brasil, Chile, Argentina y Uruguay, que cerrará el 20 de marzo en el principal balneario uruguayo de Punta del Este, informó el sitio web del artista. El 'Never Ending Tour', que el rockero convirtió en un clásico por Europa y Estados Unidos, desembarcará en América Latina el 26 de febrero, con pesentaciones en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. Robert Allen Zimmerman, verdadero nombre de Dylan, nacido en Minnesota en 1941, continuará su itinerario por las ciudades brasileñas de Sao Paulo y Río de Janeiro en fechas por confirmar y posteriormente se presentará el 11 de marzo en Santiago de Chile y el 15 de marzo en Buenos Aires. El autor de 'Blowin' in the wind', 'Blonde on blonde' y 'Blood on the tracks' prevé el cierre de su gira latinoamericana el 20 de marzo en el Hotel Conrad de Punta del Este (140 km al este de Montevideo).

miércoles, 23 de enero de 2008

Adopte un artista latinoamericano

El videoarte político no está reñido con la ironía y el folclor. Al menos, según el punto de vista de Martín Sastre (Montevideo, 1976), en cuyas piezas se fusiona cultura popular de los ochenta con temas sociales y políticos y dosis de humor. Sastre está de multiestreno. Mientras presenta Glow in the dark, su colaboración con la firma EBP en las semanas de la moda de París y Berlín, remata su última pieza, Fiebre, para mostrarla en el expositor de la Galería Oliva Arauna en Arco. Una pieza protagonizada por Alaska y la ex estrella porno Nacho Vidal que es al tiempo un homenaje a la actriz argentina de los sesenta Isabel Sarli. Una preproducción larga y un rodaje de dos días: "Muy divertido. Las pelis de Sarli son muy artificiales, el proyecto se basa en la artificialidad, con audio en off, hablan telepáticamente. El equipo no se lo podía creer", cuenta.
Sarli fue pionera en desnudos frontales e integrales, Armando Bo, su amante, la dirigía. "Eran pelis muy bizarras, ella tenía tetas gigantes, iba vestida con nada, se titulan Carne, Fuego, Furia... El vídeo se llama Fiebre porque Nacho cría caballos y la historia trata de uno llamado así del que Olvido se enamora". Se trata, por tanto, de una ficción, como lo fueron Diana, The Rose conspirancy (2005), Freaky Birthday (2006) o su premiado Nadia walks with me, basado en Fuego camina conmigo (David Lynch) sobre la comunidad rumana en Madrid, donde es un fantasma de un chapero rumano que no sabe que está muerto. Estas piezas tienen en común que están protagonizadas por el propio Sastre, Sebastián Dubé edita, Jean Franco Capolino es cámara, participa su familia y el imaginario está plenamente impregnado de la cultura popular . "Con eso crecí; me pasaba el día yendo a alquilar muchas películas y apareció la MTV".
"Desde que tengo memoria quise ser artista", señala Martín Sastre. Estudió cine mientras iba al colegio, y siendo en aquella época un excelente estudiante de Arquitectura, lo dejó.
En 2000 lo invitaron a exponer en Nueva York y en Fundación Telefónica. "Hubo toda una generación de artistas latinoamericanos que empezó entonces", afirma. El punto de inflexión fue una beca en Madrid. "En el momento exacto, al lugar exacto. Era director de la terraza de Casa de América, se convirtió en centro de todo y no tuve que salir a conocer a nadie".
Surgió su Trilogía latinoamericana (2003). En la primera parte, Video Art, the iberoamerican legend un narrador congelado despierta en 2492 y cuenta cómo los artistas de allá salvaron el mundo. "El problema es que con 15 minutos no tuve suficiente para contarlo...", recuerda. Y surgió: Montevideo the dark side of the pop y Bolivia 3 Confederation next... "En la Casa de América confluían intelectuales, artistas, políticos y diplomáticos de toda Latinoamérica, empecé a tener una visión panamericana. El día que llegué, me abrió Mario Vargas Llosa, pensé que era el portero", recuerda. Por si fuera poco, encabeza la irónica Fundación Martín Sastre con sus programas Adopte un artista latinoamericano, surgido de la necesidad real de conseguir financiación, y Sea usted un artista latinoamericano, en torno a tres creadoras alemanas provenientes de la Bauhaus que fueron becadas para sobrevivir y trabajar en Uruguay con 100 dólares al mes.

Otro hijo de la institución

El 15 de febrero del 2007 se hallaron los cuerpos incinerados de dos mujeres a orillas del río Guática, entre Anserma y Belén de Umbría (Risaralda). Inicialmente se pensó que se trataba de un acto satánico, pero la investigación dio un giro inesperado y por el doble homicidio se capturó en noviembre pasado al sacerdote José José Francey Díaz Toro, de 50 años, oriundo de Manizales, era el párroco de Mistrató (Risaralda), jurisdicción de la Diócesis de Pereira. Después de investigaciones y análisis forenses se determinó que los cuerpos incinerados eran de María del Carmen Arango, compañera sentimental del sacerdote, y de María Camila Díaz, hija de ambos. También se determinó que el homicidio se produjo en la casa cural de la iglesia de Mistrató y que las mujeres murieron como consecuencia de los fuertes golpes que recibieron en la cabeza. Ante las pruebas al sacerdote solo le quedó confesar el doble homicidio y pedir perdón. El hombre pagará 23 años por ambas muertes de su compañera y su pequeña hija. El hecho de haber aceptado los cargos que se le imputaron le significó el sacerdote una reducción del 50% de la pena. Los cuerpos de las dos víctimas aparecieron incinerados el 15 de febrero del 2007 a orillas del río Guática, en un paraje de la vía que de Belén de Umbría conduce a Anserma, Caldas. Aunque los cadáveres quedaron irreconocibles, una fotografía encontrada en el lugar y en la que aparecían Díaz Toro, la mujer y la niña enrumbó la investigación. Luego de aceptar los cargos, el religioso pidió perdón a todos y dijo que “nadie sabe lo de nadie”.
El Obispo de Pereira, monseñor Tulio Duque, dice que la Iglesia recibe con dolor la noticia sobre la condena del párroco de Mistrató, José Francey Díaz . “Uno queda impresionado con eso, pues se trata de un hijo de la institución. Estábamos esperando la verdad sobre el asunto. Él aceptó el cargo ante el fiscal, lo que indica que estaba implicado”. Explicó que el padre condenado queda privado del ministerio sacerdotal, es decir que ya no puede ejercer. “Lamentamos el hecho ante la familia y dejamos claro que falló la persona y no la institución”.

martes, 22 de enero de 2008

Toda cumbre es borrascosa

Heathcliff (sic) Andrew Ledger, protagonista de la película Brokeback Mountain, fue encontrado muerto en un apartamento de Nueva York. Tenía 28 años. La policía dijo que el actor se suicidó.

Gieco se estrena como telonero de Dylan

Gieco será telonero de los recitales argentinos de Bob Dylan, en marzo. Un encuentro con el artista que define como “su estrella”, aunque sin embargo duda de que llegue a producirse un verdadero encuentro. “Ser telonero de Dylan me moviliza internamente, pero no es que soy fanático suyo, no tengo todos los discos ni mucho menos –cuenta–. Creo que también tiene partes oscuras, se pelea con la gente que quiere pedirle autógrafos, por ejemplo, es una suerte de fantasma. Definitivamente es mi estrella, pero no es una estrella porque sí, sino por cómo se dieron las cosas. Mi conexión con él es de larga data, y marcó mi carrera.”
–¿Cómo empezó?
–Yo tenía 13, 14 años, y escuché por la propaladora del pueblo una canción que me erizó la piel. Pasan los años, me voy a vivir a Buenos Aires, paso por una disquería y escucho la misma canción, me trasladó inmediatamente a aquella tarde en mi pueblo, fue mágico. Entré y le dije al tipo: “Dame esto, ¿qué es?” “Son los Byrds, y la canción se llama ‘Mr. Tambourine’”. “Dame algo más de esto, por favor”. “Te puedo vender el primer disco del autor de la canción”. O sea, conocí a Bob Dylan cuando ya tenía diez discos grabados, y empecé por el primero porque en la Argentina no se editaban. Después me habló de él Leda Valladares. Me gustaban sus canciones, las letras traducidas, para colmo veo una foto de él, tocando guitarra, armónica, y con un platillo en la cabeza del estilo del deshollinador de Mary Popins. Da la casualidad de que el pibe que vivía conmigo en la pensión era el bajista de Los Moscos, Horacio Fumero. Un día cayó Claudio Gabis a verlo a la pensión, yo que lo admiraba de Manal casi me muero. Le conté que quería cantar, que estaba enloquecido con un tipo que se llamaba Bob Dylan. ‘¿No sabés un lugar donde se pueda conseguir un atril con una armónica, para tocar como él?’, le pregunté. Eso marcó mi vida.
–¿Por qué?
–Al día siguiente Gabis me regaló uno. Me lo puse, me miré al espejo del aparador viejo que había en la pensión, junto con la guitarra, y dije: ‘¡Soy Bob Dylan, a la mierda!’ Para colmo ponía “Blowin’ in the wind” y tocaba la armónica y la guitarra con él. Ese tema me hizo componer “Hombres de hierro”, que es casi afanado, pero como la letra no dice las mismas cosas me salva. Con esa primera canción elaboré toda una carrera, porque quedó grabada para el disco El acusticazo, y fue a parar a la primera película de rock, Buenos Aires rock. Por eso Dylan es mi estrella. Y por eso lo que me pasa al saber que voy a tocar como telonero suyo es algo personal, mi estrella ahora está en Buenos Aires. Eso me moviliza, hace días que estoy con Dylan al palo. Eso no quiere decir que vayamos a hablar en el show, ni siquiera creo que nos crucemos. Es un tipo muy parco, nada fácil. Calamaro fue soporte suyo, no un show, toda una gira por España, y jamás lo vio en persona. Además, ¿qué le voy a decir si me lo cruzo? ¿Qué le va a importar? Hace 35 años que hablo de él, él no lo sabe, pero no importa. Me conformo con saber que muchos de los que van a ir a verlo lo conocieron por mí.

lunes, 21 de enero de 2008

I´ll see you on the blue side of the moon

Tras la erupción del volcán Galeras, el pasado 17 de enero, la Nasa emitió una alerta en la que les pide no bajar la guardia porque la luna azul podría divisarse en cualquier momento y es necesario tener el registro. Este es un fenómeno que se presenta cuando partículas del tamaño de una micra (en este caso la ceniza expulsada por el volcán) alcanzan las capas superiores de la atmósfera, se convierten en un filtro que hace que, a los ojos del hombre, la luz blanca normal de la luna se torne azul. Los científicos calculan que el efecto causado por las partículas que salieron de Colombia, al dispersarse, solo podría mirarse en Sur y Centroamérica porque la erupción fue 'pequeña'.

domingo, 20 de enero de 2008

Chuck Palahniuk dixit

P. ¿Qué le ha llevado a la ciencia-ficción?
R. Es un género con el que crecí, siempre me ha gustado mucho. Además, desde el 11 de septiembre siento que no puedo presentar en las novelas al tipo de personajes salvajes que suelo tratar, hoy serían considerados terroristas. Necesito ponerlos dentro de una literatura de género.
P. ¿Por qué?
R. Porque las cosas que hacen no serían aceptables para la mayoría.
P. ¿Es éste el cambio más importante que ha notado desde que publicó su primera novela hace una década?
R. No puedo echarle toda la culpa al 11 de septiembre. A lo mejor hubiera escrito ciencia-ficción de todos modos, en mi afán por reinventar mi trabajo tanto como soy capaz de imaginar. Sin embargo, pienso que ni el libro ni la película de El club de la pelea podrían realizarse hoy, después de los atentados. La película acababa con el derrumbe de un edificio...

R. Carver según A. Muñoz Molina

Pocas personas tienen una sola vida. Raymond Carver tuvo al menos dos, antes de ingresar tan prematuramente en la muerte y en una posteridad en la que su nombre se ha agrandado, en vez de desaparecer, y en la que sus libros, aun sin la ayuda de su presencia física, han logrado ese raro milagro, perdurar en los estantes de las librerías. Quien ha vivido varias vidas no siempre puede recordar la fecha exacta en la que comenzó cada una de ellas. Raymond Carver sabía cuándo terminó la primera de las suyas, cuándo empezó la segunda: exactamente el dos de junio de 1977, cuando dejó de beber, pocos días después de cumplir treinta y nueve años. Se había casado a los diecinueve, con una chica de dieciséis. A los veintiuno ya era padre de dos hijos, y no tenía más perspectivas que trabajar de peón en las serrerías de la costa noroeste de Estados Unidos o de repartidor o de portero, mientras su mujer ganaba un salario escaso como camarera.
El origen de una vocación literaria es tan misterioso como el de las historias que cuenta un escritor. A Carver le gustaba citar la definición de un cuento corto que da V. S. Pritchett: "Algo vislumbrado de soslayo, de paso". Para explicar lo frágil que puede ser el punto de partida de una historia que sin embargo uno sabe que le importará mucho escribir ponía el ejemplo de la primera frase de una de las suyas: "Estaba pasando la aspiradora cuando sonó el teléfono". En esas pocas palabras tan comunes como la situación que cuentan está cifrado el relato igual que la planta entera en su semilla. De la misma manera improbable la segunda vida tan breve y la posteridad de Carver estaban contenidas en la desolación de la primera, que es una desolación muy específica de la pobreza americana, la de la clase trabajadora blanca encallada en los márgenes de la escala laboral y del consumo sórdido, en los parques de caravanas y en las zonas de viviendas situadas entre los cruces de autopistas. El cine, que todo lo embellece, ha creado una mitología visual de esos paisajes, asociada a la de los moteles, las gasolineras y los neones de los restaurantes solitarios de comida basura, a la horizontalidad de los espacios desiertos y las periferias industriales. La realidad es pavorosa, y no tiene nada de literario.
Y sin embargo Raymond Carver hizo excelente literatura con ella, igual que se había hecho a sí mismo escritor viniendo de una familia en la que nadie leyó jamás un libro ni pasó de la escuela primaria y sobreponiéndose a la responsabilidad demoledora para un muchacho de poco más de veinte años y su mujer adolescente de criar a dos hijos pequeños. Las mismas circunstancias que conspiraban contra su porvenir de escritor se convirtieron en los materiales fértiles de su literatura: no sólo la pobreza, no sólo el agobio de los niños pequeños, de los trabajos mezquinos, de las expectativas frustradas, sino también el riguroso infierno del alcohol, que lo llevó a ser hospitalizado tres veces al borde de la muerte, a romperle una botella de vodka en la cabeza a su primera mujer.
Hay que tener mucho cuidado con la mística de la mala vida como germen del talento. El de Raymond Carver sobrevivió a la bebida igual que pudo haber sido destruido por ella. Lo que nos atrae tanto en sus historias no es tanto el relato de esa especie de inmóvil desesperación en la que se encuentran atrapados sus personajes como la intuición de una plenitud que casi parece accesible para ellos a pesar de todo. Muy cerca del dolor está la ternura; la claudicación de un borracho que vuelve a la botella no llega a corromper del todo su alma; la pelea más atroz de una pareja no anula los instantes de felicidad que conocieron alguna vez; en una habitación donde un grupo de amigos conversa sobre nada y se emborracha poco a poco alguien observa la luz de la tarde que se filtra por la persiana y permanece como un ascua roja en el espejo. La limpieza de la escritura ya es en sí misma una afirmación. Las experiencias reveladoras a las que aludía Carver cuando hablaba del oficio de escribir no tienen que ver con el horror ni con la desgracia, sino con la epifanía de las cosas cotidianas: "Es posible escribir sobre cosas y objetos comunes con un lenguaje común pero preciso, y dotar a esas cosas -una silla, una cortina, un tenedor, una piedra, el pendiente de una mujer- con un poder inmenso, incluso sobrecogedor".
Suele pensarse que este tono de sutil o explícita celebración llegó a la literatura de Carver en su segunda vida, según se afianzaba su amor con Tess Gallagher y su celebridad de escritor, en el tiempo demasiado breve en el que aún no sabía que iba a morirse con cincuenta años de un cáncer de pulmón. La sequedad quirúrgica de su primer estilo parecía que daba paso a una nueva complacencia en la escritura, a una riqueza mayor de pormenores y de matices. Pero en literatura todas las explicaciones claras son dudosas, y todo prestigio tiene una parte mayor o menor de malentendido. Multitudes de imitadores han venerado la inflexible austeridad expresiva de Raymond Carver y, como suele suceder, la han simplificado hasta la caricatura, pero ahora vamos sabiendo que el propio Carver no era del todo responsable de los despojamientos máximos de su estilo. En su número de fin de año The New Yorker publicó un relato inédito que se titula Beginners y que es una versión previa del que hasta ahora conocemos como De qué hablamos cuando hablamos de amor. El amigo y editor de Carver, Gordon Lish, eligió el nuevo título, pero no sólo ayudó a corregir la escritura y la trama: añadió cosas, suprimió casi la mitad del texto, cambió el final. En 1980, en una carta llena de inseguridad y de remordimiento, Carver le pidió a Lish que retirara ese cuento y alguno más del libro que iba a publicarse. Estaba agradecido al editor que lo apoyó tanto en sus años peores, temía parecer ingrato, perder su amistad: pero tampoco quería que su historia quedara desfigurada. Leídas ahora, una al lado de la otra, las dos versiones dejan una sensación desconcertante: el texto original de Carver revela honduras que se han perdido en el otro; lo que hasta hace nada nos parecía un modelo de contención en el cuento que conocíamos ahora tiene algo como de catatonia emocional y expresiva.
El libro, a pesar de todo, se publicó así, y tuvo tanto éxito que cambió para siempre la carrera de Raymond Carver, quien nunca mostró en público su discrepancia con Lish, aunque rompió con él poco tiempo después. El estilo de aquellos cuentos, tan único, era en parte la invención de otro hombre. El reconocimiento público se otorgaba a alguien que era parcialmente un impostor. Pero quién no se siente así al recibir ciertos elogios; quién tiene el coraje necesario para negarse a aceptar algunas formas de admiración que intuye falsas o completamente equivocadas.
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Habla la leyenda

Después de más de 30 años de descarnada sinceridad, el matrimonio de la leyenda del comic underground Robert Crumb y su esposa Aline sigue, dice ella, fabulosa contadora de historias de voz grave, "haciéndose reír el uno al otro" y tratándose de un modo tan afectuoso como burlón.
-Y dime Robert -pregunta Aline en la cena- ¿Afectó en los sesenta el LSD a tu trazo?
-Sí, claro. Tomé unas 15 veces, y lo dejé -responde él -. Primero dejé las anfetaminas, luego el ácido, los porros, el alcohol y finalmente América.

viernes, 18 de enero de 2008

La artista colombiana María Teresa Hincapié deja este mundo y se adentra en el más allá

"Yo quiero morir mirando algo bello. Veo cómo se deteriora mi cuerpo y lo veo como un árbol... Cómo se muere, es duro. Lo sigo amando también. Pero si uno vive en el amor, muere en él. No hay tristeza, lo acepto. Hay que ser consciente de que uno nació para morirse, si uno no se sabe morir, se fregó".

Jaque mate

Muere el genio en el tablero de la guerra fría: Bobby Fischer, campeón del mundo de ajedrez entre 1972 y 1975. La genialidad de Fischer tiene como punto de partida a un coeficiente intelectual de 184, cuando el promedio habitual está entre 100 y 110.

jueves, 17 de enero de 2008

Colombia y Venezuela rompen relaciones; Colombia y Venezuela entran en guerra

Sería un grave error creer que el número de estúpidos es más elevado en una sociedad en decadencia que en una sociedad en ascenso. Ambas se ven aquejadas por el mismo porcentaje de estúpidos. La diferencia entre ambas sociedades reside en el hecho de que en la sociedad en declive los miembros estúpidos de la sociedad se vuelven más activos por la actuación permisiva de los otros miembros. Un país en ascenso tiene también un porcentaje insólitamente alto de individuos inteligentes que procuran tener controlada a la fracción de los estúpidos, y que, al mismo tiempo, producen para ellos mismos y para los otros miembros de la comunidad ganancias suficientes como para que el progreso sea un hecho. En un país en decadencia, el porcentaje de individuos estúpidos sigue siendo igual; sin embargo, en el resto de la población se observa, sobre todo entre los individuos que están en el poder, una alarmante proliferación de malvados con un elevado porcentaje de estupidez y, entre los que no están en el poder, un igualmente alarmante crecimiento del número de los incautos.

miércoles, 16 de enero de 2008

Contra la barbarie cotidiana

Nosotros, intelectuales y ciudadanos progresistas, comprometidos con la democracia y con la
justicia social, que deseamos el surgimiento de sociedades libres de todas las formas de violencia
(política, económica, social, cultural) y defendemos el derecho de los pueblos a construir
alternativas frente a los peligros de un capitalismo sin límites; nosotros, que amamos Colombia
para vivir en ella cada día; nosotros, que de ella hemos huido; nosotros que en ella tenemos
amigos o que sólo la conocemos a la distancia; nosotros, deseamos expresar nuestro dolor y
nuestra vergüenza frente a los secuestrados y, por medio de ellos, frente a la tragedia humanitaria
colombiana, que oprime a la población civil y niega los principios más elementales de la dignidad
humana.
1. Expresamos nuestra condena total a la práctica del secuestro, realizada por las FARC, las
otras guerrillas, los paramilitares, algunos miembros de la fuerza pública y la delincuencia
común. El secuestro es en sí mismo un crimen atroz, que conduce al agotamiento físico y
a la muerte social de las personas afectadas. Además, debido a las condiciones de
insalubridad en las que sucede y a la intensificación del conflicto, expone a estas personas
definitivamente a la muerte. Nada, absolutamente nada, puede justificar esta práctica.
Tampoco los otros crímenes (atentados, amenazas, asesinatos, masacres) cometidos
contra la población civil, por parte de grupos armados ilegales o por miembros de las
fuerzas armadas y de policía, cuyas estrategias exclusivamente guerreristas los han
conducido a desvirtuar su proyecto político y ético inicial.
2. Condenamos con igual fuerza las actitudes irresponsables e inaceptables del gobierno
colombiano en relación con: su rechazo al reconocimiento del conflicto armado y a la
consecuente aplicación de los principios del Derecho Internacional Humanitario, el
sufrimiento que le ocasiona a las familias de los secuestrados anunciando continuamente
las operaciones militares de rescate, los insultos y las acusaciones dirigidos a la oposición
democrática que los convierte en objetivo potencial o real de los grupos paramilitares, la
aceptación tácita de la connivencia entre éstos, los narcotraficantes y los dirigentes
políticos en un contexto donde la justicia es incapaz de traducir concretamente a los
principios de verdad, reparación integral y de no repetición. Finalmente, resaltamos el
fracaso de la política de “seguridad democrática”, incapaz de garantizarle la vida a los más
desprotegidos socialmente, con la cual se intenta legitimar todas las acciones
gubernamentales mediante el recurso a la “guerra contra el terrorismo”.
3. Condenamos además las políticas de algunos miembros de la Comunidad Internacional,
en particular las del gobierno de los Estados Unidos que, con los Planes “Colombia”,
“Patriota” y “Consolidación”, le suministran al gobierno colombiano los medios militares
y financieros para que continúe con una guerra que ha atravesado todas las fronteras de lo
inhumano. Por su parte, la Unión Europea no cesa de cerrar los ojos frente a esta tragedia
humanitaria, en nombre de intereses económicos que no son discutidos públicamente,
como sucedió en los últimos días con las negociaciones con la Comunidad Andina de
Naciones. La crisis humanitaria en Colombia se perpetúa, como lo demuestran los
informes de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. ¿Es necesario recordar que
Colombia tiene más de 3.000 personas secuestradas – de las cuales un poco menos de un
tercio está detenida por las FARC1 –, 30.000 víctimas de desaparición forzada –
esencialmente por la acción de grupos paramilitares2 –, y 3,9 millones de desplazados?
1 Fuente: Las Voces del Secuestro.
2 los desaparecidos son personas brutalmente separadas de su vida cotidiana, a menudo torturados y cuyos
cuerpos no son devueltos a sus familias. Borrados de la noche a la mañana de la sociedad, son objeto de una
¿Hay que recordar que, junto con Sudán, tiene el mayor número de desplazados en el
mundo, que 60% de la población vive por debajo del umbral de pobreza y que es el
escenario de injusticias sociales y culturales insoportables?
Por estas razones, llamamos a una movilización inmediata de todas las voces democráticas,
en Colombia, Latinoamérica, en la Unión Europea y en los Estados Unidos, para contribuir a
la liberación de los secuestrados y a la realización del acuerdo humanitario, etapas necesarias
en la construcción de una solución no violenta y negociada del conflicto armado. Con este
propósito, nosotros demandamos públicamente:
1. Que las FARC liberen inmediatamente y sin ninguna condición todos los secuestrados
civiles en su poder, bien sea por motivos económicos o políticos. Es necesario precisar
que por estos últimos no se pide ninguna recompensa, no deben ser objeto de un
intercambio humanitario como si fueran combatientes y su vida es responsabilidad
exclusiva de sus captores. Frente al dolor de los familiares, las FARC deben tener una
mínima coherencia con su propuesta política y ética, y crear las condiciones para su
liberación. De lo contrario, su lucha pierde todo sentido. Si hasta ahora se ha supuesto
que este gesto debe constituir una contrapartida al acuerdo humanitario, nosotros
consideramos que debe anticiparlo: los videos y las cartas recientes de los secuestrados
políticos son un llamado desesperado para tomar medidas inmediatas. Esta exigencia de
liberación la hacemos ante todos los actores responsables del secuestro.
2. Que el gobierno realice un gesto de responsabilidad equivalente, que en consecuencia
abandone definitivamente la hipótesis de un rescate militar y siente las bases de un
acuerdo humanitario que permita el intercambio inmediato de prisioneros (guerrilleros
encarcelados contra policías y militares secuestrados). Al respecto, hay que subrayar la
lógica jurídica y moral de dicho acuerdo: en el marco del Derecho Internacional, busca
regular pacíficamente y en un tiempo determinado, el intercambio de prisioneros durante
las guerras. Por lo tanto, implica la inclusión de una lógica de no-violencia dentro de una
situación de violencia estructural. Con tal propósito, ninguna de las alternativas
propuestas por las partes y la sociedad debe ser ignorada, y la negociación para la
liberación de los secuestrados no debe seguir siendo sometida a juegos tácticos de las
partes en medio de estrategias bélicas.
3. Que la Comunidad Internacional demuestre un compromiso real con la paz y los
derechos humanos en Colombia. Por consiguiente, formulamos tres peticiones
específicas: la continuidad irrevocable de la oficina de las Naciones Unidas in situ y el
fortalecimiento de sus medios de acción; el envío de un delegado permanente de la Unión
Europea, que refuerce la labor de la diplomacia europea con respecto al acuerdo
humanitario; el desarrollo de diversos mecanismos que obliguen al Estado colombiano a
darle garantías efectivas a las organizaciones que han entablado acciones frente a la Corte
Interamericana de Derechos Humanos para que éstas lleguen a buen término. Estos
elementos deben ser considerados como las primeras etapas de la reconstrucción de un
sistema judicial totalmente independiente, capaz de poner fin a los crímenes cometidos
por las partes en conflicto y de responder a las exigencias de las organizaciones de
víctimas sobre el reconocimiento del derecho inalienable a la verdad, la reparación
integral y la no repetición de los crímenes cometidos. Al pueblo colombiano le
corresponde definir la vía política que le permita reencontrar la justicia social y rechazar
las diversas formas de violencia que tienen lugar en su territorio.
doble negación: por parte del poder existente, que niega esta realidad; por parte de la opinión pública
internacional, que no tiene conocimiento de esta situación. Fuente: Fidh.
Entre las pruebas de vida de los secuestrados dadas a conocer una de ellas llamó
especialmente nuestra atención: la que Ingrid Betancourt dirige a su madre. Es un mensaje
perturbador por su mezcla de intimidad y de universalidad, de agotamiento y de resistencia
moral; sus palabras son el lazo de unión entre las víctimas anónimas y el resto del mundo. Su
autora cita a Albert Camus, en tal sentido, para hacerle eco a sus palabras, es conveniente
recordar el siguiente fragmento del autor de El Extranjero: “la tiranía totalitaria no se edifica
sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las fallas de los liberales” (A. Camus, Actuelles
I). El rostro de los secuestrados y el de las víctimas de otros crímenes atroces es la imagen
especular de nuestra inacción. Si la idea de la humanidad todavía tiene sentido para nosotros,
debemos cambiar radicalmente el curso de los acontecimientos en Colombia.

martes, 15 de enero de 2008

Un poema de Ryszard Kapuscinski

ESE DE LA FOTOGRAFÍA
Ese de la fotografía
ese chiquillo de dieciséis años
ése no soy yo
Ese que camina con dificultad por
la calle
ése no soy yo
Y sin embargo
ese de la fotografía
y ese de la calle
ése soy yo
Y este que ahora duda de ello
éste precisamente ése no soy yo
(2006)

Pulp fiction

Roger Avary, guionista de la película Pulp Fiction, con la que ganó un Oscar, fue detenido en el Condado de Ventura (Los Angeles, EE UU) tras provocar, bajo la influencia de alcohol, un accidente de tráfico en el que murió un amigo suyo. Avary, quien escribió el guión de Pulp Fiction junto a Quentin Tarantino, conducía su vehículo en la ciudad de Ojai, a 130 kilómetros al noroeste de Los Angeles cuando se produjo el accidente. Su mujer, Gretchen, de 40 años, salió despedida del asiento trasero y trasladada con heridas graves al Ojai Valley Community Hospital. Además, su amigo y también pasajero del automóvil, Andreas Zedini, de 34 años y de origen italiano, murió en el Ventura County Medical Center después de que los bomberos le tuvieran que sacar del vehículo accidentado.

lunes, 14 de enero de 2008

Video did not killed the radio star

El mensaje de radio que amenazó a la flota estadounidense en el estrecho de Ormuz (Golfo Pérsico) podría no ser más que la obra de un radioaficionado bromista. Se trataría de Filipino Monkey, un misterioso personaje que acostumbra a interferir en las comunicaciones de los navegantes de la zona, según la publicación Navy Times, perteneciente al grupo Military Times, próximo al ejército de EE UU. El incidente sucedió el 6 de enero, cuando varias patrullas marítimas iraníes realizaban maniobras de acoso en el estrecho de Ormuz. Dos días después, el Pentágono difundió un vídeo con las imágenes del suceso. Al final de la grabación se podía oír lo que parecía ser una transmisión de radio que afirmaba: Voy hacia ti. Vas a explotar en unos minutos. Al principio, se atribuyó a las comunicaciones entre las patrullas iraníes.
La transmisión fue grabada durante el incidente, y aumentó la tensión en la zona, pero aún así no hay pruebas de su procedencia. Varios oficiales sostienen que es difícil determinar quién habla. No sabemos bien de dónde venía, señala la comandante Lydia Robertson, portavoz de la quinta flota de EE UU en Bahrein. Podría proceder de una estación de radio costera. Basándome en mi experiencia tras trabajar en esta parte del mundo, donde hay mucha actividad marítima, es muy difícil intentar distinguir [quién habla por el canal de radio], ha señalado el Oficial en jefe de las Operaciones Navales Gray Roughead.
De hecho, la voz del video suena diferente de la del oficial iraní que se dirige al crucero Port Royal desde una radio en una pequeña embarcación, en el vídeo difundido por las autoridades iraníes. El oficial aparece hablando por radio y en determinado momento pide al navío de guerra estadounidense que cambie del canal 16, el habitual en comunicaciones entre puentes de mando, a otro, quizá para poder comunicarse sin ser interrumpidos. Además, no se oye ruido de fondo en el audio difundido por EE UU y que supuestamente habría sido captado por un equipo de radio portátil en una embarcación.
De esta manera, los oficiales de la marina estadounidense no están seguros de sus sospechas, mientras que los iraníes les acusan de manipulaciones. En los últimos años, las naves estadounidenses que operan en Oriente Próximo han tenido que enfrentarse a la misteriosa voz conocida como Filipino Monkey, un insulto con connotaciones étnicas, tras el que probablemente se oculta más de una persona que escucha las comunicaciones radiofónicas entre barcos y las interrumpe para gritar insultos. Algunos oficiales de la marina sostienen que su voz podría ser la que captó el vídeo difundido.

domingo, 13 de enero de 2008

La vida según AC/DC

Letra de “It’s a Long Way to the Top if you Wanna Rock’n’Roll”:
“Yendo por la ruta hacia el show/ Parando en las banquinas/ Tocando rocanrol/ Robados/ Drogados/ Golpeados/ Con los huesos rotos/ Tomados, dejados/ Les digo, amigos, es más difícil de lo que parece/ Es un largo camino a la cima si uno quiere rocanrol/ Hotel, motel/ Dan ganas de llorar/ Las mujeres se hacen las difíciles y uno sabe por qué/ Nos ponemos viejos/ Grises/ Nos estafan y roban/ Nos pagan poco, nos venden de segunda mano/ Así es tocar en una banda".

La infamia


Cucaracha blues

Por Laura Restrepo
"Hay, madre, en el mundo un sitio que se llama París", le escribía desde esa ciudad el peruano César Vallejo a su madre, una viejita indígena que nunca había salido de Santiago de Chuco, la más perdida de las aldeas perdidas en las altas alturas de los Andes. Y a mí me enamora esa frase, que siembra la duda sobre si es verdad que lo lejano es realmente Santiago de Chuco, todos los Santiagos de Chuco del Tercer Mundo, o si la cosa viene siendo más bien al contrario. ¿París, la periferia? A lo mejor. Y para muchos de los latinoamericanos que la visitamos, el mero centro de esa ciudad, su corazón que más palpita, es la tumba de Vallejo en el cementerio de Montparnasse.
Pese a su nombre de emperador romano fue indio y pobre hasta la raíz del pelo, con su traje negro rebrillado a punta de plancha
"Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París -y no me corro- tal vez un jueves, como es hoy, de otoño", había predicho él mismo en un poema, de donde se deduce que lo ortodoxo es visitar su tumba en jueves, y ojalá con aguacero, aunque el devoto bien puede tomarse la licencia y acudir en otro clima y cualquier día de la semana, porque si bien la predicción le atinó al dónde, se equivocó en el cuándo, y el poeta se vino a morir más bien un viernes, por más señas Viernes Santo, al parecer bajo un cielo azul radiante por completo ajeno a sus penas.
La peregrinación se inicia con el mapa del cementerio en la mano, 12 el número de la división, 3 el número de la sepultura, y a partir de ahí todo es un problema, porque yace bajo una placa de mármol poco menos que a ras de suelo, gris en medio de la grisura uniforme del lugar, tan discreta y escondida, e invisible en los días de lluvia, que aún quien conozca las coordenadas se las va a ver a gatas para encontrarla.
Quien sí sabe encontrar el lugar es Alejandro Calderón, también él poeta peruano del Perú, perdonen la tristeza, y ni modo que no supiera, si lo ha visitado religiosamente todos los domingos durante el cuarto de siglo que lleva viviendo en la ciudad.
-Vallejo se vino buscando a París -me dice-, y yo me vine buscando a Vallejo. Me acerco a él para matar soledades, porque en este país me he sentido dolorosamente extranjero. Sobre todo durante los diez primeros años.
-¿Y después ya no?
-Y después también, cómo crees que no, con esta cara de indio siempre eres ajeno en tierras de blancos.
Otro tanto le ocurriría a César, porque pese a su nombre de emperador romano fue indio y pobre hasta la raíz del pelo, con su traje negro rebrillado a punta de plancha, su presencia taciturna y digna, su eterno abrigo y su piel color cobre, valga decir, ya sin eufemismo: tremendo morenazo. Papito lindo, flor de poeta, indio divino, y a callar los políticamente correctos que nos salen con que debe decirse persona de color porque no es educado decir oscuro o negro. Frente a él, tan olvidado en vida y tan visitado en muerte, van desfilando mestizos, cafés con leche, negros renegros, mulatos, piel-canela, tostados, cholos, zambos, todos con el corazón en vilo y el Kleenex presto, para llorar un poco porque sí, porque no, porque su tumba es el único rincón donde podemos estar sin visa. Y que no falte declamarle, déle que déle, esos poemas suyos que él mismo compuso y que debe saberse de recontramemoria, sólo que ahora los escucha cantaditos en mexicano, llorados en peruano, declamados en colombiano, a ritmo de son cubano, susurrados en nicaragüense, en guatemalteco, en boliviano, comenzando con su "hay golpes en la vida tan fuertes, yo no sé", que para nosotros viene siendo como el padrenuestro.
En Santiago de Chuco, cuna del poeta, donde la población lo venera tanto o más que al apóstol y santo patrón, le pregunté a un indígena si podría explicarme el significado de una de las estrofas más oscuras de Trilce.
-¿Sus poemas? No siempre los entendemos -me respondió-, pero siempre nos llegan al alma.
Allá mismo, en la plaza del mercado, unas muchachas que me vieron cara de afuerana quisieron saber si conocía París, y como dije que sí, me preguntaron de qué murió él, allá tan lejos. Se quejaban de la maestra, que no había sabido explicarles en la escuela. Les dije que no era culpa de ella, porque la cosa había quedado en el misterio. "Me voy a recostar un momento porque estoy cansado", había anunciado el poeta unos días antes, y ya no se había vuelto a levantar. Indiferentes, los médicos franceses dieron su diagnóstico: de cansancio no muere nadie.
Se dice que lo mató el hambre. Pero no lo tomó por sorpresa, porque ya desde antes de dejar el Perú, le advirtió al amigo que lo acompañaría en el viaje: "Acostúmbrate a comer poco. En París tendremos que vivir de piedrecitas". Y así fue. Comería piedrecitas, más las mandarinas que de tarde en tarde le regalaban en la Rue Ribouté; el cognac aquel que se echó al coleto en un salón trasero de la Regence, según consta por alguna foto que le tomaron; el café y el arroz que fueron su único sustento durante los meses en la Avenue du Maine; la botella de leche, y a veces de vino, que bajaba a comprar a la Rue Molière, contando los centavos.
-Pero acaso quién no -objeta Eduardo García Aguilar, poeta colombiano en París-, aquí todos hemos tenido que contar los centavos, recién llegados todos hemos pasado hambre, y sin embargo aquí estamos, porque lo que es morir, no hemos muerto.
Habrán sido entonces la soledad y el frío... Que no, me asegura Alejandro, el poeta peruano. Eso tampoco, porque aun cuando estaba en las peores, Vallejo pudo arreglárselas para calentar su cama. Ahí donde lo ven, flaco y silencioso como un árbol seco, con las francesas el cholo sabía darse maña; está claro que al menos una Henriette y una Georgette cayeron en sus brazos y lo amaron locamente.
Tercermundista Vallejo, extracomunitario, desplazado, indocumentado, indeseable, sin empleo, ¿lo mataría París? ¿No pudo con el sombrío trasegar por las habitaciones más baratas de la orilla izquierda? Mucha cucaracha en esos huecos, mucha cucaracha, me dice Julito Olaciregui, escritor barranquillero en París, y Alejandro me asegura que hoy, como ayer, a los poetas pobres que van llegando, deslumbrados por la ciudad, ésta los recibe con la misma serie interminable de mínimas chambres de bonne, compartidas clandestinamente con otros dos o tres, sin calefacción, sin baño ni luz del sol, encaramadas en el séptimo piso, o en el octavo, al final de una empinada escalera de caracol. Es el ritual de la miseria que según Enzesberger, París ofrece a quienes le venden su alma: colchones de espuma sobre el suelo pelado, hornillos de petróleo, cajas de escaleras embadurnadas, bidés, soledad y cafard.
Si éste es el frío de la vida, cómo será el de la muerte, pensaba yo la tarde de invierno en que fui a visitarlo por primera vez, en compañía de mi amiga Teresa Vieco. Dábamos vueltas sin ton ni son en busca de su tumba, con la oscuridad pisándonos los talones, y como se acercaban las cinco y media de la tarde, hora en que el cementerio cierra sus puertas, los guardias se largaron a merodear por los pasadizos funéreos como perros sueltos, arreando con sus silbatos a los vivos hacia las puertas para que se fueran a vivir sus vidas y dejaran dormir en paz a los muertos. Aprovechando la falta de luz, nosotras nos ocultábamos de los sabuesos detrás de arbustos y mausoleos, resueltas a no permitir que nos frustraran el encuentro, cuando de repente la Teresa, que traía en la mano unas rosas, medio achicopaladas ya por los carrerones y los escondites, se tropezó con una lápida y se pegó un porrazo. Al ayudarla a levantarse, muertas ambas de la risa, vi el nombre que allí estaba inscrito: César Vallejo. La Teresa se había ido de narices, con todo y rosas, justamente sobre la tumba del poeta. Suena a cuento chino pero juro que así sucedió, ella puede dar fe, y no es literata sino arquitecta.

Gonzo


Miedo y asco (y etc.) por Rodrigo Fresán
No parece casual que cuando daba sus primeros pasos sobre un teclado quería ser como Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway. Aunque para él, y a primera vista para todos, el destino lo alejó de las cumbres de la ficción y del estilismo delicado de sus ídolos, a su manera Hunter Thompson siguió sus pasos: mezcló de forma casi indisociable su obra y su leyenda, a la vez que marcó a su generación y a las siguientes con un estilo único para escribir el mundo en el que vivía: eso que se ha dado en llamar periodismo gonzo. Ahora, en la flamante biografía oral Gonzo: The Life of Hunter Thompson, amigos, conocidos, víctimas, jefes y enemigos reconstruyen la vida y la obra de este hombre que vivió a la manera de un dandy de los excesos como su adorado Fitzgerald y terminó matándose de un balazo como su adorado Hemingway.
Las opciones para el origen y definición del síntoma/estilo de escritura/estado de ánimo/modo de vida/palabra/o lo que sea conocido como gonzo son varias y ninguna es concluyente. Y está bien que así sea; porque en el núcleo impreciso del enigma se alcanza a vislumbrar, claramente, la constante más allá de las varias posibilidades de algo que no deja de moverse y de disparar al techo y de aporrear el teclado de una máquina de escribir hasta hacerla sonar exactamente igual a una ametralladora.
Así, gonzo –término que nunca le gustó a su más célebre y dedicado inquilino, pero que éste adoptó con gusto porque ser una marca es importante para dejar marca– provendría de los dedos del legendario pianista de New Orleans, James Booker, quien grabó, en 1960, un frenético instrumental titulado “Gonzo”, término que en el argot cajun de los jazzeros locales equivalía a “tocar sin reglas, ni rumbo”. El tema en cuestión fue registrado en un estudio de Houston y –aseguran los testigos– cuando el protagonista de estas páginas lo escuchó por primera vez, al llegar a la parte del torrencial solo de flauta, “se volvió literalmente loco”.
Así, gonzo, en la jerga de los bares de Boston –y según el periodista Bill Cardoso, a quien el poseído por el tema de Booker se lo puso una y otra vez, y de ahí que lo bautizara en algún momento de 1970 como “The Gonzo Man” en las páginas de la Boston Globe Magazine o la Scanlan’s Monthly– sería el mote que se le pone al último en morder el polvo en alguna bestial borrachera: el last man standing o “último hombre de pie” y, por lo tanto, el que carga con la responsabilidad y el privilegio de contar la historia a la mañana siguiente.
Así, gonzo sería una deformación del franco-canadiense gonzeaux que equivaldría a “epifanía” o “sendero brillante”.
Así, la compulsiva pulsión gonzo comienza como música demencial, pasa a barra libre y acaba posándose como forma narrativa y manera de ver las cosas. Mirada que sólo se alcanza luego de una iluminación o –da igual– del portentoso consumo de drogas varias, y donde el estilo es más importante que la verosimilitud y fidelidad de lo que se reporta. Primerísima primera persona del singular con un paisaje al fondo que podía ser el de Las Vegas, el del Kentucky Derby, el de una campaña electoral, da igual. Lo que importa es informar deformando. El periodista es la estrella: crónica de autor y la noticia, apenas, como vistosa escenografía esperando a su dueño y habitante natural que la vive –y sobrevive– para contarla. A su manera, claro.
De todo esto y mucho más –finalmente, fin del camino, punto donde todas las variables se funden en un nombre y en un hombre– trata la recién aparecida biografía oral Gonzo: The Life of Hunter S. Thompson.
Entrar en ella es fácil. Lo difícil es salir.
CUENTAME SU VIDA
Y biografías del neoperiodista Hunter S. Thompson ya había muchas. Firmadas por enemigos íntimos o amigos pasajeros. Pero Gonzo –en tándem con un también hace poco publicado coffe-table book que reúne las fotografías de Thompson– tiene varias virtudes a considerar: es la primera en contar la saga desde el disparo de largada hasta el tiro del final, y tiene el formato más conveniente para este tipo de historia, es decir, la historia de un freak: es una biografía oral en la que numerosas voces más o menos autorizadas cuentan su versión –o versiones– del asunto del individuo irrepetible. No es casual que esta variante polifónica –que ya se ocupó de las vidas y obras y muertes de gente como Edie Sedgwick, Bob Dylan, Truman Capote, Warren Zevon y The Replacements– sea la que, también, mejor le va a uno de los grandes popes del llamado New Journalism. Porque Thompson estuvo en muchas partes y conoció a muchas personas, y ninguna de ellas podrá olvidarlo jamás y más de uno daría cualquier cosa por poder borrarlo del disco duro de su memoria. De este modo, la tarea de Jann Wenner (director de Rolling Stone y compadre de la bestia en las buenas y en las malas) y de Corey Seymour (asistente editorial de la misma revista y en más de una ocasión víctima de los excesos tipográficos del monstruo) no fue la de sistematizar el caos de una existencia (Gonzo resulta del destilado de 459 páginas que en una primera versión alcanzaba las 1500) sino de imponer cierto orden cronológico a este virtual acelerador de partículas anecdóticas y emisor de fractales despachos desde un frente difuso, pero siempre ubicado exactamente donde él estaba.
Y la lista de testigos (de la acusación y la defensa, unos y otros víctimas de la luminosa seducción de este voraz agujero negro) es imponente: Pat Buchanan, Jimmy Buffet, Jimmy Carter, Johnny Depp (quien también firma un sentido prólogo), Joe Eszterhas, Terry Gilliam, Anjelica Huston, Don Johnson, William Kennedy, Margot Kidder, George McGovern, Norman Mailer, Marilyn Manson, Jack Nicholson, Sean Penn, Ralph Steadman (inglés y perfecto ilustrador de las visiones infernales de Thompson y una suerte de Sancho Panza), Tom Wolfe (acaso la contraparte angélica y mejor vestida de la especie, quien define a Thompson como “el único equivalente a Mark Twain en el siglo XX”) y decenas de animales de redacción y testigos presenciales y compañeros de juerga y familiares víctimas de su poderosa onda expansiva. Alguien que –en el decir de William Kennedy, su colega en Puerto Rico– “se las arregló para convertirse en un periodista en movimiento que resultaba interesante por encima de aquello que escribía. Se puso a sí mismo en el centro de la escena y se convirtió en la historia”.
EL PERIODISMO ES UN VIAJE DE IDA
Pero muy por encima de la casi infinita sucesión de episodios graciosos y estrafalarios y aterrorizantes, lo que se desprende aquí es una (otra) historia de soñador americano que comprueba entre eufórico y deprimido cómo su Gran Sueño va virando hacia la pesadilla. Gonzo –está claro– quiere ser un volumen celebratorio y un memorial cuyo objetivo final es el de la beatificación del santo pecador. Y –como le ocurre a The Joke’s Over. Bruised Memories: Gonzo, Hunter S. Thompson, and Me de Ralph Steadman– lo consigue sólo a medias y esto habla bien de sus responsables. ¿Por qué? Fácil de pensar, pero difícil de poner por escrito: Thompson era un tipo más bien desagradable, machista, misógino, torturador de su primera esposa Sandy –heroína evidente e involuntaria del libro, pero heroína al fin–, infantil, irresponsable y fascinado por su propia leyenda de gatillo caliente. Alguien cuyo talento ardió rápido y temprano sin por eso dejar de ser –como su admirado Hemingway, como Kerouac o como Bukowski– un héroe fácil de imitar en lo fácil y difícil de emular (sin caer en la involuntaria autoparodia) en lo difícil. De la lectura de los testimonios aquí reunidos se llega a la conclusión de que Thompson podía enorgullecerse de The Rum Diary (novela primeriza pero recién editada en 1998, cuando el dinero comenzó a escasear), el riguroso Hells Angels: A Strange and Terrible Saga (1966), el fundante Fear and Loathing in Las Vegas: A Savage Journey to the Heart of the American Dream (de 1971, un encargo de Sports Illustrated que, al ser rechazado, le abrió para siempre las puertas de Rolling Stone, presentando por primera vez su alter-ego Raoul Duke) y los artículos greatest hits reunidos en Fear and Loathing: On the Campaign Trail (1972) y The Gonzo Papers, Vol. 1. The Great Shark Hunt: Strange Tales from a Strange Time. Los entusiastas defenderán el valor documental de sus contundentes volúmenes de cartas (seleccionadas de un archivo personal de más de 20 mil, el último de los tres se anuncia para este 2008) o esa especie de funcional resumen de lo publicado casi testamentario que es Kingdom of Fear: Loathsome Secrets of the Star-Crossed Child in the Final Days of the American Century (2003). El resto se reduce y se aumenta en sucesivas y desparejas antologías de artículos que no son otra cosa que fragmentos dispersos y alucinados y ensamblados con dedicación y coraje por editores-fans de la bestia. El revelador testimonio en Gonzo de David Felton –encargado de Thompson en Rolling Stone durante los años ’70– lo dice todo: “No creo que haya un editor de Rolling Stone que, habiendo trabajado con Hunter luego de Miedo y asco en Las Vegas, no se derrumbara llorando alguna vez. Sé de lo que hablo porque a mí me pasó”. Y lo que pasaba era esto: Hunter Thompson pasado de cocaína y pastillas (“Sin ellas tendría el cerebro de un contador de segunda”, se justificó orgulloso más de una vez), escribiendo en ráfagas inspiradas o en dolorosas y contadas palabras, fragmentos dispersos, yendo a cubrir cosas que ni siquiera se dignaba presenciar (como la pelea de Ali-Foreman en Zaire) o de las que huía asustado (su tropezón durante la caída de Saigón) mientras se emborrachaba junto a la piscina del hotel, borbotones de páginas inconexas escupidas por un primitivo fax portátil con mala letra (bautizado por Thompson como el Mojo Wire) y los tipos de la redacción con el cierre encima cortando y pegando y reenviándole el material para que él, si estaba con ánimo y lucidez, garabateara algunos párrafos que funcionaran como nexos entre las partes para insertar a pie de imprenta. Y todo esto –como se lee en un memo enviado a Jann Wenner– mientras Thompson insistía en que “lo que se conoce como ‘periodismo objetivo’ es una contradicción en sus propios términos... Los problemas humanos son secundarios”.
Al final –es duro, es trágico– Thompson fue masticado y devorado y escupido por su propio mito. Alguien obligado a ser el personaje en el que se había convertido su persona. Un adicto terminal a sí mismo que intentaba desengancharse metiéndose kilos de cocaína que se hacía enviar vía FedEx. Un actor –siempre listo para su close-up en fiestas o en estrenos de películas sobre su realidad cada vez más subjetiva– tan loco como Gloria Swanson en Sunset Boulevard.
De este modo, paradójicamente, Gonzo es el objetivo estudio de un ser que nunca supo ser objetivo consigo mismo.
CON UN BANG
Dice Jan Wenner: “La gente solía preguntarme cuánto de lo que contaba Hunter era verdad. La verdad es que el 90 por ciento de lo que afirmaba haber hecho era cierto. Y si te creías el 10 por ciento restante, bueno, que Dios te bendiga. No seré yo quien intente convencerte de lo contrario”.
Los porcentajes son igualmente aplicables a lo que acorrala y captura Gonzo: hay un 90 por ciento de pública diversión desatada y certificada (el ascenso de un joven de Kentucky dispuesto a comerse el mundo) pero, finalmente, lo que se impone y acaba pesando es el 10 por ciento de desesperación íntima en un individuo que sueña con ser Faulkner (y que durante su juventud copia de principio a fin El gran Gatsby y Adiós a las armas “para experimentar qué se siente al escribir así”), pero que acaba resignándose a ser nada más que Hunter S. Thompson. Un tipo inmensamente pequeño al que le preocupa que se enteren de que su trade mark de Miedo y asco no es un derivado del Miedo y temblor de Kierkegaard sino una cita extraída de The Web and the Rock de Thomas Wolfe (y que, de enterarse sus lectores, se confundan y lo entiendan como un guiño servil a Tom Wolfe). Un virus consciente de su alto poder virósico y de contagio (tanto Bill Murray como Johnny Depp, quienes lo llevaron al cine, confesaron que demoraron meses en poder sacudirse el personaje de encima) que desprecia a sus competidores, pero que alienta su servilismo (y si en algo falla Gonzo es en el análisis de la importancia de Hunter S. Thompson dentro de la historia del periodismo de su país, pero cabe suponer que no se trataba de analizar eso; los interesados harán bien en darse una vuelta por el inteligente y comprehensivo The Gang that Wouldn’t Write Straight: Wolfe, Thompson, Didion, Capote & The New Journalism Revolution de Marc Weingarten).
El largo tramo final de Gonzo –los muy poco productivos años ’90– es duro de leer: la caída en cámara lentísima de “un niño encerrado en un cuerpo adulto” que comienza a fallar luego de demasiadas trasnoches y una inteligencia que ya no puede encender la chispa de una oración.
Thompson cubre como puede la campaña de Clinton, viéndola en su televisor (Clinton, indignado, le cierra la boca a Thompson durante una cena, criticando sin anestesia su pose de junkie glamoroso), y se desquita tirando al blanco en el jardín de Owl Farm, su casa en Woody Creek, Colorado, acribillando máquinas de escribir y aterrorizando a vecinos y a amigos con súbitas e inflamables visitas, mientras la idea de llevar a la práctica la teoría de un suicidio hemingwayano (final para su saga que tuvo claro desde su juventud) comienza a cobrar fuerza y ganas. Muerto Richard Nixon –su némesis a la vez que su musa, pero “tanto mejor que la pandilla Bush-Cheney”–, las cosas definitivamente dejaron de ser interesantes. Una de las últimas cosas que firmó –junto a su amigo Warren Zevon– fue una canción cuyo título lo dice todo: “You’re a Whole Different Person when you’re Scared” (“Eres una persona completamente distinta cuando estás asustado”). Después, Thompson se limitó a matar el tiempo antes de matarse, el 20 de febrero de 2005, con la ayuda de un Winchester Marine al que llamaba su “pistola de trabajo”. Un tiro a la cabeza. Su hijo Juan Fitzgerald Thompson –quien estaba en la habitación de al lado y no había notado nada raro, su padre estaba leyendo el diario y de pronto se puso de pie y fue hacia el estudio sin decir palabra– escuchó “algo parecido al ruido que hace un libro al caerse de un estante”.
La noche anterior, Hunter S. Thompson se había permitido una última humorada: había llamado a un amigo periodista del Globe and Mail, le había comentado que tenía evidencia incontestable de que el World Trade Center no se había venido abajo por el impacto de los aviones sino que las torres habían sido derribadas por la acción de cargas explosivas colocadas en sus sótanos por agencias secretas del gobierno y que, por lo tanto, su vida corría peligro y seguramente sería asesinado de forma que pareciera un suicidio. O tal vez, quién sabe, Thompson hablaba muy en serio.
La que se consideró su nota de despedida fue publicada en Rolling Stone. Allí se leía: “No más juegos. No más bombas. No más caminar. No más diversión. 67. Lo que significa 17 años después de los 50. 17 más de los que necesitaba o quise. Aburrido. Estoy siempre de mal humor. No tiene gracia; para nadie. 67. Te estás volviendo avaro. Compórtate de acuerdo a la avanzada edad que tienes. Relájate: esto no va a dolerte”.
Deadline cumplido, por fin.
El 26 de agosto de 2005, las cenizas de Hunter S. Thompson fueron disparadas desde un cañón en lo alto de una torre que él mismo había diseñado –con la forma de un puño cerrado apretando un botón de peyote– mientras por altoparlantes se oía “Mr. Tambourine Man”, su canción favorita de su admirado Bob Dylan. Johnny Depp pagó la ceremonia y cumplió así su último deseo: volar por los aires. 280 íntimos –entre los que se contaban Bill Murray, Sean Penn y Lyle Lovett– asistieron al funeral. Steadman recordó que alguna vez le comentó a Thompson que tenía ganas de iniciar los trámites para conseguir la nacionalidad norteamericana, y que Thompson le dijo: “Voy a hacer lo imposible para impedirlo. No te mereces un destino tan terrible, Ralph”. Pero fue Bob Braudis –permisivo sheriff del lugar que en más de una ocasión permitió que Hunter S. Thompson se saliera con la suya– quien mejor resumió la cosa y cierra la última página de Gonzo con palabras justas y sentidas: “De aquí en más, cuando el teléfono suene a las cuatro de la mañana, siempre serán nada más que malas noticias”.

jueves, 10 de enero de 2008

¿Y él qué estaba haciendo ahí?

Un hombre polaco recibió la sorpresa de su vida al visitar un prostíbulo y encontrar allí a su esposa como una más entre las empleadas del establecimiento. Según informa Super Express, pasado el primer sobresalto, la mujer confesó que trabajaba allí para ganar un dinero extra, y no en la tienda de un pueblo cercano como pensaba el marido. "Pensé que estaba soñando", ha declarado el hombre tras descubrir la verdadera ocupación de su esposa.

Marcelo Cohen dixit

Me gusta considerar lo que la gente piensa y me gusta deliberar con la gente cercana sobre los demás. El estado de deliberación es una buena atmósfera para las novelas. No estoy hablando sobre la técnica y la ontología de la novela, que es enorme, nos pesa y nos hace cuidarnos demasiado, ni tampoco planteo volver a una nueva inocencia. Sigo pensando que la literatura es un rodeo en la búsqueda de ciertas verdades del caso. ¿Por qué uno es un lector? Una razón muy importante es lo que sostiene Bloom: leyendo conocemos muy bien a alguna gente y conocemos muy bien a mucha más gente a la que podemos conocer ligeramente bien en toda una vida. Las experiencias de la vida se completan con las frases inolvidables de Proust, de Sebald, de Corman McCarthy, pero me parece que las personas son inolvidables, que todos tenemos un álbum vital de personajes que renuevan lo humano. La novela está en condiciones de empezar a actualizar el repertorio de lo humano para intentar crear nuevos mitos. Los novelistas fuertes de esta época, los que realmente abrieron camino, tienen una pulsión de grandeza. La grandeza es una apariencia que surge seguramente de un sentimiento trágico, de una pasión trágica con el lenguaje.

Los pies sobre la tierra

Tras el repugnante show mediático, salvajemente utilizado por los fascistas de izquierda y de derecha, se devela la imagen de los pies de Emmanuel. Queda así completo el cuerpo y -ojalá- cerrado el capítulo.

La pantera y la espada

Morir para contarlo por Juan Carlos González
José Urbano es un referente de la cinefilia caleña. Crítico, cineclubista, profesor, empresario: pocas actividades relacionadas con el cine y el video se le escapan. No sabíamos de su trayectoria previa como realizador, que ha reverdecido con La pantera y la espada, el caso Johnny Silva, mediometraje documental que fue estrenado hace un mes en Cali a propósito del día mundial de los derechos humanos. La película se ha exhibido de manera limitada y aunque sabemos que participará en festivales en México y Buenos Aires, sería importante su difusión nacional, sobre todo entre el público universitario.
El tema es la muerte de un estudiante de la Universidad del Valle el 22 de septiembre del 2005, en circunstancias confusas donde la Fuerza Pública habría tenido responsabilidad directa. Aunque era fácil caer en la tentación del panfleto político, José Urbano apunta a un tratamiento en el que el aspecto humano tiene tanta o más importancia que la denuncia, que a dos años de ocurridos los hechos tiene el valor de evitar la muy colombiana amnesia ante este tipo de crímenes. Por eso, además de reconstruir los hechos, el director decide reencarnar al estudiante en un actor, que ejerce como una especie de espíritu oficiante que va a estar omnipresente mientras los padres de Johnny Silva recuerdan con nostalgia a su hijo y sus compañeros de curso evocan los últimos momentos en que lo vieron con vida. El fallecido tiene una presencia viva a cuya personalidad taciturna y a su pensativo andar nos vamos acostumbrando. Ese referente crea lazos con el espectador, una cercanía muy útil a la hora de generar interés e identificación con el protagonista.
Múltiples voces nos tratan de explicar que pasó esa tarde, cuando al parecer la policía ingresó a los predios de la universidad y se desató una batalla que culminó con los trágicos resultados. Una recreación de lo sucedido da sentido visual a esos testimonios, mientras las notas de los noticieros locales de la TV y las aseveraciones y explicaciones del alto Gobierno añaden una verosimilitud que en este caso es indispensable. En esos momentos, la agilidad y el ritmo de la edición dan realce a un trabajo documental digno, hecho con respeto por la memoria de un joven que se ha convertido -junto con otros estudiantes caídos- en un símbolo de la defensa de la vida frente a todos aquellos que pretendan apagarla.

miércoles, 9 de enero de 2008

Hillary Clinton dixit

"Se hace campaña en poesía, se gobierna en prosa".

Minicuento de Juan José Panno

El intrépido estudiante de periodismo deportivo tenía cabeza de cuero con gajos hexagonales y, tal vez por eso, cuando en una clase de taller gráfico el profesor preguntó si alguien conocía alguna de las obras de Julio Cortázar, respondió resueltamente:
–Hay un libro que se llama Rayuela, o algo así, y otro que se llama Vestuario.

Dante Spinneta dixit

“Para mí, a Tupac Shakur lo mató la CIA, porque era un activista con poder”.

En un mundo horrible, ¿qué es lo feo?

La presencia de la fealdad ha sido rastreada por Umberto Eco, que establece tres categorías: lo feo natural o feo en sí mismo (una carroña o un olor nauseabundo), lo feo formal o un desequilibrio orgánico respecto del todo, y lo feo artístico, que surge de cualquiera de los dos anteriores pero elevado a la categoría de arte por el artista. (Obra de Damian Hirst).

Un Londres ahogado bajo el agua

Uno de los mejores discos del año es la obra de un fantasma. Se trata del álbum "Untrue", elegido por revistas especializadas y periódicos de medio mundo como el gran logro musical de 2007. También la web Metacritic.com, dedicada a sumar y ponderar las valoraciones de decenas de medios, lo sitúa en lo más alto de su resumen anual. Tanto consenso se lo debemos a un artista que se autodenomina Burial (entierro). Un apodo que alude a su sombra. No revela su verdadero nombre. No actúa en directo ni aparece en fotos. Burial no revela su verdadero nombre. No actúa en directo. No aparece en fotografías. El artista es la estrella más oscura de la música electrónica y también uno de los nombres clave en el dubstep, género también elusivo, mezcla de dub, drum and bass y techno minimalista, que nació en los barrios del sur de Londres a principios de esta década. Por sus ritmos atronadores, melodías sombrías y visión apocalíptica, el estilo parecía condenado a permanecer en el subsuelo, alimentando radios piratas y madrugadas londinenses. Pero el boca-oreja hizo que el primer disco homónimo de Burial, que pintaba un Londres futuro ahogado bajo el agua, se hiciera eco más allá de la prensa especializada. Con "Untrue" no ha hecho sino llegar la confirmación. Su segundo trabajo es tan melancólico y extrañado como el primero, pero añade voces que parecen de otro mundo, presencias de ángeles desgraciados, ruidos de llaves de coche y disparos. Narra historias de fantasmas, viajes en autobuses nocturnos, ecos de fiestas pasadas, noches solitarias en un McDonald's.

domingo, 6 de enero de 2008

María Jimena Duzán dixit

Quién iba a imaginar que una guerrilla que comenzó su lucha armada asumiendo la voz de muchos campesinos sin tierra que apoyaron el levantamiento de Marquetalia en 1964 iba a terminar batiendo récords macabros en los albores del siglo XXI: sus secuestrados son los seres humanos que más tiempo han durado en cautiverio en el mundo y los hijos que engendra terminan como Emmanuel: sin hogar, sin memoria, despojados de todo afecto. Con una guerrilla así, como diría Coetzee, hasta los anarquistas se vuelven pesimistas.

Estiércolombia II


La revista Semana se complace en presentar, en exclusiva mundial, la mirada de Emmanuel (sic). La revista Cambio publicará, a su vez, la sonrisa del niño. La W se encargará de su cabeza y la FM de su pecho y estómago. El Tiempo se pide la foto de sus pies.

Amores colombianos

El hallazgo de la fosa de la hermana del guerrillero Pablo Catatumbo, ex novia del paramilitar Carlos Castaño, se produjo el viernes luego de que el líder paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano, alias 'Don Berna', entregó las coordenadas durante una audiencia de confesión. Janet Torres, quien había sido secuestrada por un comando paramilitar en abril de 1996 en una agencia de viajes de Cali, había sido trasladada hasta Valencia (Córdoba), a un campamento de las autodefensas, comandado por Castaño. La idea, según confesó 'Don Berna', era presionar a la guerrilla de las Farc para que cesara sus hostilidades en contra de los 'paras'. Y para eso, iniciaron el secuestro de varios familiares de los jefes guerrilleros, entre ellos Janet Torres, quien luego de 8 meses de cautiverio, fue dejada en libertad en diciembre de 1996. Sin embargo, ella habría regresado por voluntad propia al campamento de Castaño, al parecer atraída por un sentimiento amoroso. Desde entonces, la pareja habría sostenido un romance que duró pocos meses. Sin embargo, Castaño ordenó al poco tiempo su muerte al considerar que la mujer se había infiltrado en las filas paramilitares con el fin de obtener información para las Farc.

Un asiento para el gato debajo del asiento para el hombre

Un joven diseñador colombiano -Gabriel Sierra- hace cosas que no parecen tener uso comercial. Sin pudor, materializa preocupaciones domésticas aparentemente triviales y emociones inconfesables. El diseño es más que producir nuevos objetos. Dice Gabriel: "tengo 32 años y soy de un pequeño pueblo de la costa Caribe, a una hora de la playa, llamado San Juan de Nepomuceno. A pesar de ser zona roja es un pueblo muy apacible donde pasé una infancia muy linda. Mi papá es campesino y en el pueblo la idea es que termines la escuela y te salgas a estudiar otras cosas fuera. Yo me fui a Bogotá. Primero estudié arquitectura. Tenía un tío de Barranquilla que era arquitecto y esa idea de la modernidad la recibí de niño a través suyo. Pero enseguida me di cuenta de que no era lo que quería para mí y a través de un amigo que estudiaba diseño apliqué y me cambié a industrial."

Simone de Beauvoir por María Moreno

Simone de Beauvoir es sin duda una de las mujeres más importantes del siglo XX. El segundo sexo –de 1949, un ensayo agudo sobre la opresión de las mujeres– se convirtió en un libro capital de lo que luego sería el feminismo, desató una revolución moral con respecto a la mujer en la sociedad y preservó un poder libertario que todavía ejerce sobre millones de lectoras. Sus novelas y memorias tuvieron impacto y reconocimiento similares. Escribió sobre sexo como ninguna mujer lo hacía, sobre el aborto, sobre la violencia, sobre política y las guerras de liberación, y sobre sus propias experiencias con un nivel de exposición apabullante. Además, su pareja con Jean-Paul Sartre se convirtió en una de las más célebres y emblemáticas del siglo: desde que se conocieron, en 1929, nunca se casaron, se dedicaron el uno al otro de manera absoluta y se permitieron involucrarse sexual y emocionalmente con terceros, siempre y cuando compartieran los detalles. El miércoles que viene –9 de enero– se cumplen cien años de su nacimiento. Mientras París se prepara para honrarla con un simposio sobre ella con lo más granado del mundo intelectual europeo y un puente peatonal sobre el Sena con su nombre, Radar lo hace en la pluma de escritoras e intelectuales argentinas que reconocen deberle lo mismo que muchas otras mujeres: buena parte de lo que son.
En una habitación de departamento del barrio de Balvanera iluminada por una vela y cuyas paredes estaban cubiertas en toda su extensión por citas literarias al igual que una cave existencialista, yo solía posar de lectora. Y, cualquiera fuese la posición que adoptase ante el libro, siempre podía divisar la puerta donde un corazón dibujado con tiza encerraba los nombres de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Ese gesto digno de la historieta “Susy, secretos del corazón” no era una rareza. Es que antes de mayo del ’68 nuestros vínculos –los de los que echábamos manotazos de ahogado para encontrar imágenes soberanas en las que templar nuestra adolescencia– estaban atravesados por el molde de ese par mesiánico. Los ménages à trois aderezados por confesiones laicas que se extendían hasta la madrugada, la pose del alcohol y de la boina, el gusto considerado antiburgués por la oscuridad y los locales sin ventanas nos hacían acceder a una filosofía a través de su parte más sencilla, la superficie. Y si El segundo sexo se fue convirtiendo poco a poco en algo así como el Libro Rojo de la nueva feminidad, las autobiografías de Simone de Beauvoir (Memorias de una joven formal, La plenitud de la vida, La fuerza de las cosas y Final de cuentas) nos permitían una lectura paradójica de la propia vida: al mismo tiempo como una elección y como una profecía. Para nosotras, las chicas, los insistentes viajes de aprendizaje que solíamos realizar, mochila al hombro y aire amenazante, estaban menos inspirados en las aventuras selváticas del doctor Guevara que en los viajes que Simone solía hacer sola por el mundo. Creo recordar, en uno de sus libros de memorias, una frase irresponsable: “Ninguna mujer puede ser violada por un solo hombre”. Luego Simone detallaba didácticamente cómo se quitó de encima, y mediante unas cuantas monedas, a un árabe que se le sentó entre las piernas mientras ella dormía tranquila y desafiante en el desierto. Pero nuestra importación no era tan turística. No importaba cuántas veces los imperativos de la moda nos llevaran al lecho del líder y a los delirios celotípicos: fundamentalistas, queríamos explorarlo todo en nombre de una libertad que ignoraba cuánto tenía de un totalitarismo íntimo donde el deseo era considerado una fuerza sin barreras capaz de ignorar tanto la existencia del inconsciente como la de la delicadeza. Sin embargo ninguno de esos matrimonios de exploradores duró menos que los monogámicos o tradicionalistas del cuerno. Entre lágrimas nos divertíamos. Hoy esa “nueva sinceridad” que lucha contra la propiedad privada de los cuerpos quizá vive sus vicisitudes en los vínculos entre homosexuales, mostrando que cuestionar el imperativo hétero no exige sólo cambiar el otro sexo por el mismo sino, como quería Foucault, “otro modo de vida”.
Fueron esas invenciones privadas las que, publicadas las cartas y diarios de la pareja vedette y cumplidos los derechos a réplica de las supuestas víctimas de esa pasión caníbal, se convirtieron en el flanco débil de la obra de Simone de Beauvoir: las críticas hoy se apoyan fundamentalmente en las vertientes dramáticas del vínculo de ésta con Sartre y en una supuesta misoginia que ni el monumental El segundo sexo pudo expiar. Sin embargo, cabe aclarar que la de Simone de Beauvoir y Sartre no era una “pareja abierta” a la americana, según los códigos de las comunidades californianas de los años sesenta, ni de consumidores de avisos swinger. Para el existencialismo cada conciencia que logra su libertad es una perpetua superación de sí misma hacia otras libertades. Esta acta de los misioneros Sartre y De Beauvoir, que llevaba a no desestimar el amor y la amistad plurales, no podía realizarse sin conflictos, ya que no se trataba de una política de la felicidad sino de una exploración de la libertad. ¿Simone de Beauvoir, por haber escrito El segundo sexo, debía mantener con las mujeres relaciones carentes de aristas celosas, envidiosas o despectivas? Más claro, ¿deberíamos abandonar la lectura de Marx por el trato que le daba a su mucama? ¿A Freud por haberse impuesto la castidad para escribir un obra que otorga una gran importancia a la sexualidad?
EL SEGUNDO SEXO
Hace cincuenta años, más exactamente el 24 de mayo de 1949, apareció esta obra, llegando a alcanzar, durante las primeras semanas, entre las “oes” de escándalo y las persignaciones conjuradoras, una cifra de ventas de 20.000 ejemplares. En enero de 1999 la historiadora Michelle Perrot convocó a los salones de La Sorbona y el Ministerio de Investigación y Educación de París a 120 mujeres provenientes de todas partes del mundo, para homenajear a la que, con su turbante rojo y un anillo regalado por su amante Nelson Algreen en el dedo, había sido enterrada en Montmartre trece años antes. Muchas de las ponencias se detuvieron en una lectura vigorosa de El segundo sexo, el libro que daría la buena noticia de que ser mujer no es una esencia ni un destino y que la opresión tiene un status contingente. Durante el coloquio, Sylvie Chaperon hizo una historia de las traducciones: los japoneses, por ejemplo, habían reemplazado “feminidad” por “maternidad”. En los EE.UU. el texto fue cortado de manera que quedaran fuera las partes más complejas, privilegiando las positivas. En la desaparecida URSS estuvo prohibido hasta la llegada de Gorbachov.
Los ataques más virulentos contra El segundo sexo parten de las afiliadas al feminismo de la diferencia. Sylviane Agacinsky, por ejemplo, autora de Política de sexos, le reprocha haber pensado la maternidad sólo en términos de opresión, olvidando el contexto del libro: la Francia coaccionada a levantar la tasa de natalidad y así conjurar el fantasma de la poderosa Alemania y a relevar los cuerpos invertidos en la Segunda Guerra. La teórica Judith Butler la acusa de no haber cuestionado la noción del sujeto cartesiano, en un paulatino cambio de opinión, ya que en una lectura anterior de El segundo sexo había encontrado en la frase “uno no nace mujer, sino que se hace” una fecundidad inusitada para redefinir las fronteras entre los géneros. Lo cierto es que cuando Simone de Beauvoir escribió El segundo sexo no era feminista y faltaban casi dos décadas para que irrumpiera en Francia el MLF, Movimiento de Liberación Femenina. Simone de Beauvoir se hizo políticamente feminista en los años setenta y no se la puede juzgar hoy por su enfrentamiento a una posición (la del feminismo de la diferencia) que no existía cuando ella escribió su texto fundante. Por otra parte, lo que más tarde vio en el feminismo de la diferencia era, desde la filosofía existencialista, su propio disentimiento con el psicoanálisis pero también una metafísica y un soporte poético del conformismo político.
¿Hay que guardar El segundo sexo junto a Corazón de Edmundo D’Amicis, por ejemplo, en nombre de un supuesto evolucionismo teórico? ¿Habrá que dejar de leer a Kant porque existe Lévinas? ¿A Freud porque existe Lacan?
SIMONE AQUI
En la Argentina Simone de Beauvoir ha dejado huellas por lo menos heterogéneas. El segundo sexo instó a Silvina Bullrich a una interpretación pragmática y burguesa que la llevó a promover en sus obras la independencia sexual y la voracidad profesional (¿un toque de Françoise Sagan en ese look?). Alentó a Beatriz Guido a imitar en su vínculo con Leopoldo Torre Nilsson una unión místico-intelectual y, en sus novelas, el sello del compromiso político. Las protagonistas de Ernesto Sabato: la Alejandra de Sobre héroes y tumbas y la María de El túnel vienen de la ósmosis sartreana, su estilo trágico, ¿su neurosis?, pero con un fondo de adustez muy a la De Beauvoir.
En los años sesenta Oscar Masotta y René Cuellar llevaban a la práctica una vida de corte existencialista y una filosofía a tono que alimentó los escritos del primero (más bien sus primeros escritos, como Conciencia y estructura), a la manera de una fundación. El vínculo múltiple y pasional no carecía de violencia y hubo un Masotta, por excepción parco en reflexiones, que respondió a una encuesta realizada por la revista Claudia sobre los deseos de fin de año: “Quisiera que la persona que amo cambiara”.
Simone de Beauvoir aparece como personaje en la novela Nanina de Germán L. García: el joven protagonista y su novia viajan desde Junín a Buenos Aires, sueñan, fantasean. “Y Mirta leerá a Simone de Beauvoir” se lee en algún pasaje. El segundo sexo no aparece como el panfleto importado que hay que adaptar o cuestionar a la realidad nacional sino como el pasaporte de una joven provinciana para abordar la gran ciudad.
UN RELOJ EN LA HELADERA
Aun los que hoy consideran que las reivindicaciones feministas son superfluas comadrean sobre el estilo adusto –”institutriz con zapatos de taco chato”, la llamó Nelson Algreen– de Simone de Beauvoir, su turbante copetudo que le daba aspecto de sultán, su agresividad sin atenuantes, las exigencias de rigor crítico con que azuzaba a sus amigos y amores, es decir, le reclaman “ser más femenina”. Han olvidado que la vehemencia forma parte del estilo oratorio del existencialismo, como si el compromiso necesitara gritarse en negritas. Que Simone de Beauvoir careció de la dulzaína retórica con que la psicología remozaría años más tarde los buenos modales de la feminidad y que para dar a luz El segundo sexo era preciso ser fuerte. He aquí un ejemplo de esa fuerza.
Claude Mauriac había aludido en Le Figaro Littéraire a Simone de Beauvoir con la siguiente bajeza: “Escuchamos con un tono de indiferencia cortés... a la más brillante de ellas, sabedores de que su espíritu refleja de manera más o menos deslumbrante una serie de ideas que proviene de nosotros”. Ella le contesta en El segundo sexo: “No son las ideas de Claude Mauriac en persona, evidentemente, las que refleja su interlocutor, puesto que no se le conoce ninguna; es posible que ella refleje ideas que provienen de los hombres; entre los mismos machos hay más de uno que considera suyas opiniones que no ha inventado; es posible preguntarse, entonces, si Claude Mauriac no tendría interés en entretenerse con un buen reflejo de Descartes, de Marx o de Gide antes que consigo mismo; lo notable es que por medio del equívoco del nosotros se identifique con San Pablo, Hegel, Lenin y Nietzsche, y que desde lo alto de su grandeza considere con desdén al rebaño de mujeres que se atreven a hablarle en un pie de igualdad; a decir verdad, conozco a más de una que no tendría paciencia suficiente para conceder al señor Mauriac un ‘tono de indiferencia cortés’”.
Una amante engañada la definió como “un reloj en la heladera”. Sin embargo basta leer las memorias de Simone de Beauvoir para recorrer los detalles de una sensualidad introspectiva y un coraje en la autoexposición que, lejos de ser motivado por el exhibicionismo, se sustentaba en investigaciones de las que se exigía no sustraerse como objeto: “No soy yo la que se despega de las antiguas felicidades, sino ellas de mí: los senderos de la montaña se niegan a mis pies; nunca más me desplomaré cansada entre el olor del heno, nunca más resbalaré solitaria en la nieve de la mañana. Nunca más un hombre”, desnuda como testimonio de la vejez, empezando por la propia. La definición de Simone de Beauvoir como un “reloj en la heladera” no evita que haya sido ella la primera mujer que describió una fellatio de la que era protagonista activa (Los mandarines, La fuerza de las cosas). Que hoy su obra se reduzca a los avatares de su intimidad con Sartre (a un supuesto fracaso) y a la superación de “ese” feminismo parece ser un eco de la invitación a la monogamia, a la vuelta al hogar de la estresada mujer independiente y a las pasiones de segunda que, con la chapa del sida y de la violencia juvenil, realiza el modelo conservador que parece menos superable que El segundo sexo.
En 1986, mientras acompañaba el cuerpo de Simone de Beauvoir al cementerio, en medio de un cortejo de 10.000 personas, la historiadora Elisabeth Badinter estalló en sollozos gritando a las mujeres de la multitud “¡Le debéis todo!”. Y la frase fue repitiéndose, cantándose en diferentes lenguas, renovando los sollozos. Quizá no se pueda esperar hoy un efecto similar entre las jóvenes que lean por primera vez El segundo sexo, pero es deseable que éste se convierta en un libro talismán como lo fue para varias generaciones de mujeres.

viernes, 4 de enero de 2008

The End/Créditos/El público agotado se va para la casa

Las Farc reconocen que niño en poder del ICBF es Emmanuel, pero aseguran que el presidente Uribe lo 'secuestró'. En un comunicado aseguran que el niño había sido entregado al cuidado de "personas honradas mientras se firmaba el acuerdo humanitario. La opinión pública nacional e internacional entiende muy bien que Emmanuel no podía estar en medio de las operaciones bélicas del Plan Patriota, de los bombardeos y los combates, la movilidad permanente y las contingencias de la selva", sostiene el escrito divulgado por la Agencia Bolivariana de Prensa.

jueves, 3 de enero de 2008

Habla el nuevo Alcalde de Cali sobre el nuevo Gobernador del Valle del Cauca

"Nuestro vino es amargo, pero es el nuestro. Después de 25 años de narcotráfico en el Valle, 30 de guerrilla y 10 de paramilitarismo, pretendemos que las personas que surjan vengan como de Marte. Creo que podemos convertir en el imaginario de la gente al gobernador electo Juan Carlos Abadía en un monstruo y aislarlo y estigmatizarlo como tal. Yo creo en que a la gente hay que darle la oportunidad. Abadía tiene 28 años y puede escoger el camino de hacer un buen gobierno."

miércoles, 2 de enero de 2008

Libertad, desigualdad, fraternidad

La imagen de dos hombres desnudos en una cama molesta a algunos en Francia. La Asociación de Profesionales por una Publicidad Responsable ha censurado una campaña institucional contra la propagación del virus del sida entre el colectivo homosexual porque el cartel que muestra a la pareja les resulta demasiado explícito. El veto de la asociación ha hecho que otras organizaciones, como Act Up París, dedicadas a la lucha contra el sida, hayan criticado el doble rasero que se aplica todavía en la publicidad dependiendo de si en los anuncios aparecen gays o heterosexuales.

Fernando Savater dixit

A comienzos de diciembre, tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Berlín un encuentro internacional sobre el pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila (1913-1994). Participaron Franco Volpi (que ha preparado la edición de las obras completas del autor y lo ha traducido al italiano), Carlos B. Gutiérrez (catedrático de la Universidad de los Andes), Krysztof Urbanek (traductor al polaco) y el que suscribe. También intervino Peter Brokmeier, presentando y leyendo textos inéditos de Botho Strauss, un escritor entusiasta de Gómez Dávila como también lo fueron el dramaturgo Heiner Müller y el mismísimo Ernst Jünger. Esta enumeración demuestra el progresivo interés internacional por la obra de un pensador que pertenece a la estirpe de esos "raros y exquisitos" que a veces alcanzan finalmente el reconocimiento, como Cioran o Canetti, en ocasiones quedan a medio camino, como Antonio Porchia, y a menudo siguen a la intemperie, como Albert Caraco.
La obra de Gómez Dávila se compone de miles de unos aforismos que él llamaba "escolios a un texto implícito" y que presentaba como notas al margen de un sistema filosófico que nunca escribió. Ese conjunto monumental, secreto y provocador constituye algo así como una "estética de la resistencia" a las ideologías y modos de vida dominantes en la sociedad moderna, desde la óptica de un declarado reaccionario que por sus magistrales desplantes ("los tres enemigos del hombre son el demonio, el Estado y la técnica") puede descolocar tanto a la derecha como a la izquierda tradicionales.
Para comenzar, debo decir que los fundamentos que subyacen al pensamiento de Nicolás Gómez Dávila me resultan perfectamente ajenos. Es más, en la medida en que uno puede atreverse a hacer aseveraciones metafísicas tajantes, creo que son completamente erróneos. La concepción ultracatólica de la realidad como coartada positiva de un escepticismo radical, la vieja y obstinada querella contra la democracia (tan antihistórica, porque en la idea de democracia se reúne lo mejor de Grecia y lo mejor del cristianismo occidental), la fruición en denunciar los ideales de ilustrados de Igualdad, Justicia, Progreso, etcétera... (ninguno de los cuales obliga a una fe ciega, porque, como el mismo Gómez Dávila nos dijo, "ser civilizado es poder criticar aquello en que creemos sin dejar de creer en ello")... todas estas concepciones de fondo me parecen inconsistentes y desde luego no me mueven a ninguna simpatía. Incluso diré que cuando afloran a través de algunos de los rarísimos aforismos de Gómez Dávila que incurren en su detestada bêtise, siento un cierto alivio: por ejemplo, cuando dice "quien no vuelve la espalda al mundo actual se deshonra" o también "aun la derecha de cualquier derecha me parece siempre demasiado a la izquierda".
En efecto, es tranquilizador para un progresista -y no tengo más remedio que confesarme como tal, más allá de las estrictas demarcaciones de la izquierda y la derecha- considerar rechazables las conclusiones que obtiene un reaccionario militante de sus presupuestos ideológicos. Lo malo es que, en el caso de Gómez Dávila, esa tranquilizadora concordancia es la excepción y no la regla. En la mayoría de las ocasiones, los aforismos del pensador colombiano son demoledoramente certeros y tan válidos desde mis propios presupuestos como puedan serlo desde los de quienes compartan los suyos, tan opuestos.
De ahí lo contradictorio y casi agónico de mi pasión por Gómez Dávila: no comparto ninguno de sus axiomas, pero sí la mayoría de lo que deduce de ellos. Sobre todo cuando niega y rechaza, aunque mucho menos cuando afirma. Lo cual no le resta interés, porque, como él mismo escribió, "muchas doctrinas valen menos por los aciertos que contienen que por los errores que rechazan". Insisto en este punto, ya que no admiro sus Escolios simplemente por su espléndido tino expresivo, duro como la roca y trémulo como la rama según su propia inolvidable descripción, ni tampoco por su evidente ingenio y su tonificante humor sino ante todo porque da la casualidad -lo mismo que advirtió Borges sobre las aparentes boutades de Oscar Wilde- de que suele decir verdades, sobre todo cuando critica. Y para mí, que no soy posmoderno y mucho que lo lamento, la verdad es más importante que el estilo, que el ingenio y al menos tan importante como el mismísimo humor.
Quizá el aspecto más interesante del pensamiento de Gómez Dávila consista en que no puede ser sencillamente clasificado como un pesimista a lo Cioran o como un nostálgico de los felices tiempos pasados, como tantos aristocratizantes que no echan de menos la ilusoria armonía perdida de la sociedad antigua sino sólo sus desaparecidos privilegios. Gómez Dávila no es ese laudator temporis acti de que habla Horacio en su Arte poética. Por el contrario, revela frecuentemente una sensibilidad desprejuiciada -por crítica que sea- ante los ritos y mitos de la modernidad. El escolio en que afirma "el bárbaro o totalmente afirma o totalmente venera. La civilización es sonrisa que mezcla discretamente ironía y respeto" entronca con un comentario muy parecido de Isaiah Berlin, quien señaló en oposición al fanatismo del bárbaro que la persona civilizada está dispuesta a luchar e incluso morir por ideas en las que no cree del todo. No es el pesimismo, sino la lucidez la que le lleva a afirmar "madurar no consiste en renunciar a nuestros anhelos, sino en admitir que el mundo no está obligado a colmarlos". Ningún verdadero pesimista admite nunca del todo que la auténtica cordura implica frustración pero no se reduce a ella.
Otro punto interesante, aunque sea ocasional, es su franco interés por la sexualidad. En ese campo, rechaza las soluciones fáciles, tanto convencionales como más a la moda: "El problema no es la liberación sexual ni la represión sexual, sino el sexo". Por supuesto, es desde luego la ideología en boga la que se lleva sus más acerados dicterios, pero no desde el estrecho puritanismo: "Nada más repugnante que lo que el tonto llama 'una actividad sexual armoniosa y equilibrada'. La sexualidad higiénica y metódica es la única perversión que execran tanto los demonios como los ángeles". Y tampoco enlaza precisamente con la mentalidad mojigata una de sus afirmaciones positivas más discutibles y a la vez más gloriosas: "Un cuerpo desnudo resuelve todos los problemas del universo". Y también este dogma erótico: "Quisiéramos no acariciar el cuerpo que amamos, sino ser la caricia". Incluso me atrevería a decir que en ocasiones se arriesga a propósitos que podría suscribir cualquier materialista: "Sólo hay instantes". Y por encima de todo el aforismo que prefiero sobre cualquier otro de los suyos, una declaración desesperadamente triunfal que se sitúa más allá de la falsa dicotomía entre pesimismo y optimismo, desde luego mucho más allá del escepticismo limitado y limitador: "Lo contrario de lo absurdo no es la razón sino la dicha".